Cómo escribir un artículo fuera de lo común

Cómo escribir un artículo fuera de lo común

Horacio KielEn estos tiempos, donde las noticias se venden como cualquier otro producto, un articulista que se precie, y que pretenda aún escribir en algún diario comercial, de esos que venden una linda caja vacía, no podrá desconocer los ardides que podrían ayudarle a parecerse a los no-escritores más notorios que publican de la forma más estrambótica las comidillas del día. No estoy diciendo que los periodistas se valgan de ellos -aunque deberían-, ya que ellos solo buscan o leen los datos y luego “arman” un artículo sobre algún tema, sin profundizar demasiado, puesto que si así lo dijeran, deberían escribir en otra clase de periódico. Pero si el punto es “llenar el ojo” y deslumbrar al lector -y no sólo escribiendo de la forma más antiestética que un humano pueda concebir- deberá seguir mis consejos.

Lo primero que hará será elegir una linda noche, viernes o sábado preferentemente, y saldrá a buscar historias -desagradables, por cierto- de la peor gente que pueda hallar sobre la faz de la tierra -de ninguna forma se ocupe de buscar poetas, escritores, pintores, etc., ya que ellos aparecen en secciones aparte, y no sé si entendió el sentido profundo que le di a la expresión: “aparte”(léase, “bien aparte”, o sea, “separado”, “al margen de todo lo demás”, etc., pero nunca como una noticia sustancialmente importante como lo fuera la quema de un contenedor; ¿me entiende?-. Una vez hecho el contacto y elegida la víctima, se procede a esperar a que la historia se desarrolle, cuidándose bien de tomar nota mental de todos los detalles (eso sí, cuídese de no parecer demasiado observador, pues podrían tomarlo por un agente de inteligencia y ya no confiarían en usted sus intimidades). Sé que todo esto puede resultarle un poco desagradable al principio, pero no olvide que debe vender una historia, y si lo hasta aquí dicho le molesta, ¿qué sucederá cuando deba escribir el artículo teniendo como primera premisa que no debe tener un contenido, sino solamente limitarse al sensacionalismo y a la narración de hechos desagradables? Usted deberá entrenarse, suprimiendo todo párrafo que pueda considerarse literario -hasta que al fin ya ni sabrá escribir uno- y toda idea que pueda ser vista como altruista -a menos que lo señale a usted como un hipócrita- por el lector, al que deberá aburrir con un estilo netamente anti-literario, pues escribir bien no está de moda, y le recuerdo, amigo (¿ha visto la guiñada?), que usted pretende escribir en uno de los diarios más comerciales del país.

Y ahora, volviendo a lo nuestro, pensemos que ya ha hecho lo que le recomendé anteriormente, en cierto momento, cuando alguien le hable de la ética del ladrón de yerba -será la del mate, supongo- usted mírelo directamente a los ojos, cual si se hallase frente a toda una personalidad, pues en este oficio es imprescindible que la víctima crea que cuenta con la más completa atención y devoción de su parte.

Si alguien, eventualmente, saca una maza con fines de usarla en un ser humano -que no sea usted-, sonríase, si es posible, como para señalar que está acostumbrado a ver escenas como esa, si no todos los días, al menos con cierta frecuencia. Si tiene la suerte de que lo apunten a usted, tome nota mental de lo que se siente, y no olvide tratar de salir con vida mediante algún ardid para contar el cuento.

Recuerde, nunca se alarme por nada de lo que vea u oiga, ese será problema del lector, cuando decida deprimirse leyendo su pestilente y poco artístico artículo. Nunca se amedrente por nada, repito, usted solo véase como un observador en un zoológico; eso sí, tome nota de todo, a menos que se trate de algo bueno o -y esto sería impensable- cultural y edificante (salvo cuando sea meramente exótico y pueda ir en la sección de “cosas raras” que hoy en general figura con el paradójico nombre de sección cultural o de espectáculos). Y recuerde, puesto que usted es el que está escribiendo, no es posible que esté implicado de ninguna forma en algo que alguien pueda llamar inmoral.

Nunca reflexione lo que vaya a poner, de esa forma conseguirá el estilo mediocre al que aspira todo columnista de esta clase de diario; pero eso sí, sea punzante. Aunque de hecho no esté diciendo nada importante, usted deberá parecer indignado, y, de ser posible, enfurecido, en especial si es el encargado del editorial. Tal vez no esté diciendo nada, pero la furia impresionará tanto al lector que éste sentirá que hasta debería recortar el artículo para que lo lean sus hijos algún día.

Y no se atreva a olvidarlo, cuando se encuentre -por ejemplo- con un hombre que vive desde hace diez años entre un montón de basura y su ética trate de interponerse para hacerle reflexionar acerca del contenido de su historia, usted concéntrese en describir el olor fétido de los desperdicios y no olvide -¡por favor!- contar la cantidad de piezas dentales faltantes en la boca de su -no lo dude un instante- héroe del día. Usted no razone. Deberá dejar el sentimiento y el buen sentido para su vida familiar únicamente, mientras que en su trabajo se ajustará a los caprichos de la moda. Usted y su visión deberán ajustarse a ella o morirá usted en el intento de constituirse un individuo en pleno goce de sus facultado metales y espirituales -¡qué hablar!-. Pero no se preocupe, ya que, en tanto no piense estará espléndidamente. Y ahora, él último detalle que tengo que transmitirle a usted, futuro columnista; es, simplemente, que, luego de hacer todo lo antedicho, trate de dormir tranquilo; y si lo consigue, no tenga ni la menor duda de que usted… es un columnista.

Horacio Kiel
(Febrero de 2014)

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