Aventuras de Karian Smitson y Carl Holdman

Aventuras de Karian Smitson y Carl Holdman

Horacio Kiel(Por Horacio Kiel y Fabricio Intrioni)

Esta es la historia de las aventuras de Karian Smitson.
Decir que no habría historia sin Carl Holdman, o, inclusive, que el mismo Karian no podría haber hecho nada sin Nancy, y aún sin su amiga la paloma mensajera, creo está de más, y, no obstante, sería descortés no mencionarlo.
Pero, como toda historia que se precie, es imprescindible que haya tenido un comienzo impreciso y vago en el cual nadie podría vislumbrar una gran aventura ni nada que se le parezca.
En fin, miren lo que sucedió entonces.

Se sirvió un matecito en forma imprudente, omitiendo las reglas de este sagrado arte, porque en ese momento nadie lo veía y ni él mismo quería verse. Estaba leyendo Historia de una amor turbio, y también El arte de amar (de Fromm), lo que le hizo preguntarse si será real la diferencia entre la salud y la enfermedad, o entre la sensatez y la demencia. En realidad estaba leyendo El arte de amar, pero con los ojos puestos en Historia de un amor turbio, que tenía justo en frente. El mate, adelante y un poco a la derecha, y el termo era como un bastión de su fortaleza personal, sumando al final a la bombilla como heraldo real. La mesa de cármica era su nave en ese momento, y el devenir componía el inmenso y poderoso océano por el que transitaba. Se dirigía hacia ninguna parte pues en su horizonte ninguna estrella brillaba, aunque a veces puede ser mejor un amor turbio que una brillante nada. Pero todo ha de ser por un propósito hacia el que estamos ciegos, solía decirse, y así continuaba avanzando. Solo con él mismo.

Solo.

Él se hallaba absorto en un mundo de abstracciones que se materializaban todo el tiempo, sin su previa autorización, ya que, como dicen, lo pensado es lo creado.

La belleza que percibía a su alrededor era grandiosa, pero solía olvidar que provenía de su interior. Las joyas que recogía en las encantadas playas, que pertenecían a su propio tesoro, las guardaba cual si fueran grandes hallazgos y logros en su haber. El manantial dulce y etéreo de su corazón era inagotable, pero él transitaba por el mundo sin dejar nunca de sorprenderse por las maravillas que veía cada nuevo día, y a cada nuevo instante. Le puedo decir que tenía un corazón en llamas que hasta un dragón ígneo respetaría. El mar contemplaba la belleza de sus ojos y nadie supo qué era más profundo, si su mirada o el insondable océano. Así el sol encendido no era distinto a su pelo incandescente como las llamas del infierno. Pero qué decir de sus movimientos, que eran en verdad lo que lo definían por completo. Saber describirlo uniría la magnificencia con la más completa humildad en la calma del vuelo de una mariposa en verano.

Un creador no tiene claro del todo lo que busca transmitir, solo le surge, le decía a veces Carl Holdman durante sus infrecuentes charlas. No es muy consciente. “Creo que varios sentimientos, pensamientos y estados de ánimo licuados con sensacionales visiones danzan, cuasi proliferando desde el vientre a mi mente… dejándose deslizar por brazos, recuerdos -todo esto muy rápido-, hasta llegar a mis manos, aparentemente sin escalas, y en ocasiones al mismo tiempo sin interferencias. Manifiesta y agrega que le inspira lo que es extraño navegando con ansias de embriagarse en mareas de realidad profunda para experimentar y aprender”. Así piensa mientras agrega una cita: “El individuo no es más que una víctima de su propia capacidad de imaginar, asaltada por temores y deseos que crean su propio relato”, Britney Spears en el New York Times de junio de 2003.

“Mi amiga Nancy -escribió el hombre de la mesa de cármica- es una gran persona. Al menos lo ha sido conmigo. Es ella mi única amiga, y la mejor que pueda yo imaginar. A veces le da por escribir, y hace poco tiempo me envió un texto bastante provocador que quiero incluir en mi crónica y a continuación lo anexo al presente escrito”. (“¡No lo pongas! ¡No pongas eso! -le decía su conciencia-. “En nombre de las reglas del arte, yo te lo ordeno”, gritaban otras voces en su mente. “¡A la mierda con las reglas del arte!” -dijo al fin-. Yo debo transcribir esto. Y lo haré.”). Y a continuación agregó el texto de Nancy como se lee aquí abajo para anexarlo a la carta que estaba escribiendo y que como el lector verá en seguida fue de suma importancia para el futuro de la historia.

“Ustedes no pueden entender el drama de una mujer. Es este un mundo de hombres donde las mujeres suelen ser en general solo una pantomima o una triste sátira alegre que pasa su vida aparentando y actuando de sí misma. ¿Qué me hace diferente a mí?, acaso pueda preguntarse el lector ahora, puesto que creerá que en el fondo todas fuimos hechas por el mismo molde, y que esto que digo no es más que la reticencia de una mujer histérica que probablemente ni siquiera sea atractiva. Pues no es así. Soy una mujer de este siglo que sabe que ni bien el público masculino se haga con este libro y comience a leerlo pensará de inmediato en mis atractivos apretados por mi blusa, aún antes, por cierto, que en la calidad del texto o su contenido. Por cierto, les comento que la blusa que llevo puesta es roja, y no llevo ropa interior, así que si a alguno le place hacer un alto aquí para fantasear con ello, lo entiendo por completo, pues hasta mi primo Fernando me ha reconocido que se perdió dos veces leyendo la copia que le envié. Me dijo que le hacía sentir extraño el hecho de que una mujer como yo escribiera tan bien. Sí, eso fue lo que me dijo después de besarme durante una hora sin parar. Hace tiempo me resigné, de cualquier forma, a este mundo de hombres, donde todo lo que de mí se espera es una mujer es que se comporte como un objeto de deseo. Aun así, aquí me encuentro, escribiendo este libro para recordarles que no tengo mis atributos solo porque necesite provocarlos todo el tiempo, y no, no tengo clara la gran diferencia que existe entre ambos sexos mientras escribo esto, pues seguramente eso está limitando tu pensamiento justo ahora. Puedes abrazarme otra vez si eso deseas, vamos, hazlo así si eso dicta tu corazón, yo aquí te espero hasta que encuentres tu libertad interior. ¡Uf! Que descarga de adrenalina es vivir en esta ciudad tan vacía y tan bien decorada. Recuerdo justo en este momento a un escritor que me confesó que debía pensar en mí al acabar una obra, y que al hacerlo sentía que todo lo que había escrito era provocado directamente por sus impulsos afectuosos reprimidos, cuya influencia él sabía transformar en arte. Luego podía ver todo el cuento que había escrito en la frustración que le provocaba la no aceptación de sus sentimientos, y se sorprendía de aquella extraña metamorfosis de emociones e ideas.

Todo en la vida suele suceder de una forma muy extraña, y lo que parece normal en general no se haya vivo más que en la apariencia, que suele ser muy influyente sin duda, pero es casi siempre falsa y nos desilusiona. Mi corazón jamás ha sufrido por un hombre, y de mis besos sé haber privado a cientos, y se me hace que este corazón se quedará con aquél que sepa amarlo, y no con nadie que solo desee poseerlo. Es que así suelen ser ellos, el amor les es extraño, y no les causa un real interés. Bestias, eso suelen ser hoy.”

Nancy

“Sé que mi amiga es algo excéntrica -continuó diciendo el navegante cármico-, pero así es ella, y debo aceptarla tal cual es. Quién no se ha sentido frustrado en algún momento de su vida por los más diversos motivos, los que, si bien en un momento pueden parecer muy razonables, luego, pasado el tiempo, llega uno a comprender que nada nunca es tan grave como la gravedad misma con la que nos tomamos las cosas usualmente.” Y dejando esto así, pasó días sin escribir, abocado a su trabajo como jefe de seguridad del Presidente Obama. “Nunca dejaré que la CIA lea esto”, se prometía, sabiendo que en la vida no hay garantías, puesto que al final todo suele salir a la luz. Llegado a este punto, tomó el manuscrito, y se lo envió a Carl por medio de una paloma mensajera, puesto que estaría ausente un par de días confiaba en que él apreciaría su epístola ahora, que se encontraba vacacionando en Alaska, y congelado hasta los huesos; borracho, probablemente, no tendría nada mejor que hacer que ponerse a escribir un rato para sobrellevar el frío.

25/3/2015 Alaska (La última frontera)

Querido Karian,

Es que cierto no tenía nada mejor que hacer, sinceramente al whisky le queda poco contenido, lo que equivale a poca vida por estos lugares y es la decisión más acertada escribir a modo de estirar en el tiempo la consumición de la única botella que me queda y esperar que mañana Willy , mi proveedor, reponga mi stock de supervivencia. Aunque la bebida sigue haciendo efecto en mi mente, si bien hace tiempo que estoy viviendo en Alaska, la temperatura de mis dedos no se adapta a este clima áspero, por lo que ponerlos a trabajar ayudará a que circule la bebida espirituosa buscando abrigar la sangre que circula por los marginales dedos. Ya te habrás dado cuenta al recibir esta carta que esa paloma más que mensajera era una paloma guerrera. Asumo que la modificaste genéticamente exprofeso para que llegue a mi guarida. Igual debo confesar que llegó a mis manos tiritando de frío, moribunda, al borde de la muerte. La coloque a descansar junto al fueguito y a los veinte minutos de reposar ya se posó en el escritorio de esta pequeña casona con su mirada rebosante en el papel, esperando insistente que responda a tu pedido, lo cual estoy intentando hacer lo más rápidamente posible para saciar su deseo de levantar vuelo.  Retomando la cosa, si pretendías que me alterara de alguna manera con el relato erótico de crítica social de tu amiga, te contesto que se me hace imposible y necesitaré mejores sugestiones que ésas. Conociéndote luego de años de compartir experimentos en el laboratorio de Plum Island (sede del Centro Federal de Enfermedad Animal de Estados Unidos) puedo intuir que estás buscando una reacción en mi aparato nervioso central para que luego acceda a ayudarte en lo que por ahora catalogo como un Plan Desconocido. Seguramente estés esperando que conteste con cierta agresividad al querer instaurar un estado de ánimo en mi mente con esa frase en tu carta: “pasado el tiempo llegamos a comprender que nada nunca es tan grave como la gravedad con la que usualmente nos tomamos las cosas”.

Lo que aconteció en Plum Island sí fue grave y se nos fue de las manos.  También soy consciente de que el grupo de trabajo era muy eficiente y que logramos resultados sorprendentes (peste aviar, aftosa, modificación genética, conductas programadas) para la ciencia, pero las implicancias sociales de nuestros descubrimientos no estaban del todo claras, por lo menos para mí.

La desconexión mental de Britney Spears pudo haber terminado con nuestras vidas. La prensa se movió rápidamente para tapar todo y llevar el suceso a un caso más de abuso de sustancias prohibidas, pero vos y yo sabemos muy bien que fallamos en la programación y que podíamos ser descubiertos por los espectadores más suspicaces (como tu amiga Nancy, por ejemplo, la cual seguramente no se habrá creído lo que publicó la prensa). Pusimos al gobierno en jaque, y mi final ya lo conoces, me propusieron huir hacia la otra punta del país para aislarme de todo lo que estaba sucediendo. Me ofrecieron otros cargos pero no eran para mí. No me interesaban en lo más mínimo. No me quejo, tengo alimentos, bebida, lectura y música. En este momento estoy escuchando a Bowie ¿qué más puedo pedir? Que llegue Willy de una buena vez, por cierto, pues no sé qué le ha sucedido hoy y ya estoy sintiendo hambre de veras.

Veo que te tomas en broma mi retiro de ese proyecto y de todo ese tipo de investigaciones secretas aduciendo que son sólo vacaciones.  Tu sentido del humor no ha cambiado en todo este tiempo.  Mi decisión está firme amigo.

Me llegaron noticias de que estás escribiendo relatos ficticios, lo cual no hace más que aumentar mi sospecha de que estás buscando profundizar el conocimiento adquirido sobre modificación genética para materializarlo en los medios de comunicación masivos y lograr así tu sueño de convertir a la raza humana en animales salvajes -aunque tú digas que pretendes exactamente lo contrario, ignorando que tus ansias de perfección sólo llevarían a la raza humana a un sitio muy diferente al que tu afirmas-. En realidad sólo intuyo pero no sé bien qué es, y como diría nuestra amiga Britney: “todavía sigo siendo una víctima más de mi propia capacidad de imaginar asaltado por temores y deseos que crean mi propio relato.”

Gracias por el contacto humano -digo, la carta- me hizo bien recordar viejos momentos, viejas andanzas.

Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Sólo a través de nuestro amor y amistad podemos crear la ilusión por un momento de no estar solos.

Te mando un abrazo y espero que estés bien.

Carl Holdman

18/4/2015 – Prisión Federal – Louisiana, CA

Para Carl:

“Tenía yo todo el operativo preparado desde hacía meses. Había grabado en mi mente cada paso, cada parte del plan. Aún no entiendo lo que pasó. La ocasión era una reunión especial de las Naciones Unidas, y mi misión como de costumbre era garantizar la seguridad de Obama. Una y otra vez revisé todo para que saliera perfecto. Llevaría mi arma debajo de mi saco negro y me mantendría cerca del Sr. Presidente todo el tiempo. Habíamos tenido algunas amenazas, pero Obama confiaba en mi sentido profesional para encargarme de las situaciones más difíciles. Resultó que en cierto momento creí ver un movimiento inusual, algo repentino, y me puse en alerta máxima, al punto que desenfundé instintivamente el arma y le disparé al Presidente directo en la cabeza. Como vistes en la televisión seguramente, la bala lo mató instantáneamente. Pero, ¿por qué le disparé? No lo sé. No logro entenderlo. Tenía todo tan planificado que lo único que podía salir mal estaba dentro de mí, no fuera. He sido condenado a cadena perpetua. Sé que me sacarás de aquí, y por eso me he mantenido calmado hasta ahora. Hasta encontré la forma de salir, sólo tienes que darle unos dulces al guardia -porque le encantan- y pedirle la llave de mi celda a cambio. Te la dará, no lo dudes. Te espero.”

Karian

Como no disponía de una paloma mensajera esta vez, optó por enviárselo por correo electrónico desde su computadora personal, que usaba principalmente para jugar juegos on-line con los guardias de la prisión. Tomó luego su habitual hidromasaje en el jacuzzi de su celda, y ya vislumbrando su futura liberación se durmió profundamente en su cómodo colchón de plumas.

“¿Por qué maté a Obama?”, era lo primero que pensaba siempre al levantarse cada mañana. Debía, necesitaba tener una respuesta satisfactoria que lo inculpara o lo eximiera de culpa, pero que al menos lo sacara de la tortuosa incertidumbre.

“La máxima seguridad -reflexionaba entonces- que podía brindarle era matarlo. Eso, sin duda, fue lo que cruzó por mi mente ese día. Al no haber ninguna garantía de seguridad en este mundo, asesinarlo le dio la paz que nunca alcanzaría. Tal vez es por esto que, llevando mi sentido del deber al límite, matarlo era el único modo de preservar su integridad de un atentado, puesto que muerto ya nadie podría atentar contra su vida.”

Recordó entonces la primera vez que habló con Carl Holdman, en Plumm Island, un empleo que eligió en forma apresurada y siguiendo únicamente su instinto, pues se hallaba meditando en un acueducto de Brooklyn cuando recibió la llamada, y él, todavía en estado de trance, aceptó sin realizar ninguna evaluación previa del asunto. No obstante, pensaba, fue bueno para él haber aceptado, pues de lo contrario no hubiera conocido a Carl y entonces no contaría ahora con ninguna persona medianamente calificada para sacarlo de allí. “Como dije -escribe en su diario en prisión-, las distracciones y la vida de lujo que he llevado en la cárcel me han alejado de la meditación y la práctica del Zen. La verdad es que ansío salir de aquí para volver a mi retiro en la gruta del ratón Mickey en Oslo, y allí entonar mis cánticos acompañándome en ocasiones con el arpa que dejé allí escondida la última vez que me alejé de la ciudad para oír la voz de mi interior. Pero, después de todo, sería injusto quejarme, puesto que me han tratado muy bien aquí, al punto que me dieron un cupón para que pueda sacar hasta tres películas gratis por mes del DVD de la prisión. Pero en fin, esto se acabará, y en breve seré libre.”

Ahí estaba Carl Holdman más ebrio que nunca navegando por los ríos de la información, buceando en la Web oscura, mascando las siempre crocantes noticias del mundo, cortando el aburrimiento con novedades y bebiendo de un Chivas Regal 12 años recién abierto.

La Web oscura funciona gracias a una red global de usuarios de computadoras que creen que Internet debería operar fuera de la supervisión de las agencias que vigilan el cumplimiento de la ley.

Cada trago escondía la necesidad imperiosa de borrar recuerdos, recuerdos de una vida profesional atormentada por maltratos animales, años de lobotomías, injertos cerebrales en famosos, cirugías faciales de cambio de identidad, desconexión de órganos vitales en pacientes sanos y una lista entera de violaciones a los derechos humanos con el fin de profundizar el conocimiento humano. De a ratos las imágenes se escabullían en su mente, sus nerviosas fibras se estremecían para invadir su presente atormentando su existencia y generar el deseo de huir de su propio cuerpo. En esos trances se ponía a dar patadas al fuego cuando una pesada mano golpeo la puerta de la cabaña. Se acercó al ojillo, era Willy, que con postura curvada y manos sobre las rodillas esperaba la apertura de la misma. Carl abrió la puerta y Willy se incorporó rápidamente. El corazón de Willy repiqueteaba.

– ¿Qué te pasó Willy?

– Prende, prende, préndela.

– Ya está prendida la estufa, vení, acercate chambón, estás helado.

– Prende la tele…

Carl encendió la TV por curiosidad y para satisfacer la demanda de su proveedor.

– ¿Qué pasa Willy?, están retransmitiendo Boston Celtics vs. Denver Nuggets, ¿venís para ver el partido? Me hubieras avisado antes preparaba una picada.

– ¡No! Pone CNN ya, o algún canal de noticias.

Carl buscó el control remoto que se refugiaba entre los almohadones del sillón, puso el canal 23 CNN y sus ojos se agrandaron, mientras leía el titular susurró imperceptiblemente “ahora entiendo de que venía”.

Willy:

– ¿Era amigo tuyo verdad?

– ¿Obama? No, nunca llegué a conocerlo personalmente.

– Me refiero al terrorista.

– ¿Qué terrorista?

– El asesino de Obama, Karian Smitson, exjefe de seguridad de la CIA ¿lo conocías verdad?

– Sí lo conocía, sí, trabajamos juntos, pero amigo no es, amigos son pocos.

– No entiendo cómo estaba al frente de esa empresa, al mando de la supervivencia del hombre más influyente del mundo, un desequilibrado de esa naturaleza ¿cómo era él?

– Karian siempre fue raro, capaz de cualquier cosa, pero no era malo, es más, no creo que haya sido él. Tiene que haber algo más grande atrás de todo esto.

– Mató al presidente de EEUU. ¿Acaso no es de los malos?

Carl no quería saber nada sobre posibles consecuencias del atentado y no recordaba comentar a Willy nada sobre su anterior trabajo, menos había mencionado a Karian. Sus preguntas eran incisivas y no hacían más que aumentar su paranoia. Willy cumplía una tarea simple en Alaska, era el proveedor de alimentos de varias familias de la zona, pero no era ningún tonto. Carl se llamó al silencio y sin sacar la vista del televisor ensayó un zapping añorando toparse con imágenes esclarecedoras de lo acontecido en la sede de las Naciones Unidas. Ante el silencio y la duda, Willy decidió marcharse aludiendo que tenía que distribuir atún a varias familias.

– Chau, Carl. El martes paso por acá a dejarte el pedido, ¡nos vemos!

Carl, totalmente imbuido, no escuchó las palabras de Willy y sólo reaccionó cuando éste cerró la puerta a sus espaldas. Las imágenes de la TV asociadas a la carta que había recibido hace unos días no hacían más que desequilibrarlo aún más. Las imágenes eran elocuentes, no había dudas que Karian disparó directo a su cabeza, de hecho lo hizo a 3 metros de distancia de su víctima, filmado por todos los canales de noticias del mundo en pleno congreso de las Naciones Unidas. Un verdadero escándalo para el imperio americano. Pensaba que las consecuencias de ese acto se iban a extender por todo el planeta, se preguntaba si la paloma mensajera habría sido interceptada.

Se sirvió un trago, buscando la calma apagó la TV que a esta altura lo aturdía en base a repeticiones. Cruzó los dedos pero no fue suficiente para evadir el destino. El mail de Karian Smitson llegó a su casilla de correo. Carl comenzó a temblar. “No me puede estar pasando esto, me fui lejos para alejarme de toda esa basura y ahora este demente me involucra con un mail”. El correo recibido era como recibir una bofetada del pasado que parecía gritarle en la cara no me vas a enterrar tan fácilmente. Quelle affaire! Su relación era de deuda, en su estadía en Plum Island Karian le salvó el pellejo en numerosas ocasiones incluso jugándose la vida, como cuando lo rescató de unos gorilas cabeza de tigre hipnotizándolos contra todos los pronósticos del laboratorio. Carl se sirvió otro trago y respirando profundamente empezó a leer el correo sintiendo que el mundo entero aplastaba su pensamiento nuevamente.

Leyó el mail de un tirón. Lo releyó una y otra vez pensado que el mensaje real estaba encriptado para no dejar evidencias del plan de acción a llevar a cabo para sacarlo de la prisión, al parecer el mensaje desesperado de alguien que perdió el buen sentido y ya no sabe lo que hace. Gritó en voz alta: “Sólo tienes que darle unos dulces al guardia… O se volvió más demente de lo que yo pensaba o esto es un enigma que me llevará a la solución”.

Si bien la expresión de Karian le resultaba familiar, algo no olía bien. ¿Con qué criterio iba a estar Karian en una celda provisto de computadora, Internet y calma? Carl decidió responder el mail, de una forma u otra ya estaba involucrado al recibir el correo.

Carl escribió lo siguiente:

“Karian ¿estás bien? ¿De qué carajo estás hablando? ¿Darle unos dulces al guardia? Podrías ser más específico… no se planea de la noche a la mañana un rescate de esa envergadura, dame detalles de la ingeniería de la celda. ¿De cuántos guardias estamos hablando? ¿Horarios críticos de la seguridad? ¿Con cuántos ingresos cuenta? Respóndeme a la brevedad, el tiempo es oro, es cuestión de horas para que te decreten pena de muerte, por favor, explicita los detalles, esta red es privada y está a salvo de espías estatales.”

Carl Holdman

18/4/2015 Alaska

Se sirvió otro trago y esperó la respuesta con impaciencia, no se podía dar el lujo de perder más de un segundo para encaminar la misión a tiempo.

Al instante Karian respondió: “Pensá tranquilo Carl que esta prisión es un Pent House. Saludos, voy al jacuzzi a leer literatura erótica.”

Carl se agarraba la cabeza, no podía hilvanar un solo pensamiento en una situación de impotencia que lo superaba. El que siempre confiaba en el destino, esta vez no cesaba de dudar si lo que estaba pasando era cierto o lo estaban sometiendo a una prueba especialmente diseñada para saber si su habilidad para resolver problemas extremadamente complejos seguía en pie. La nieve fuera y el fuego calentando su piel, parecía una jodida pesadilla. Si salir de la cabaña le generaba dificultades, salir de la cabaña para salvar a Karian luego del atentado le resultaba un imposible absoluto. Carl se levantó en busca de otro trago cuando llamaron a la puerta con insistencia. Toc, toc, toc.

¿Quién sería a esas horas? Sólo Willy oficiaba de visita, disociar el golpe de la situación en la que estaba inmerso fue imposible. Aguardó unos instantes y el golpe se repitió esta vez con una sonoridad creciente. “Dale Carl, traje los dulces”, gritó una voz desconocida. Carl suspiro hondo y dejó el vaso de whisky vacío en la mesa. Se acercó de a poco a la puerta. “¿Quién sos? No te conozco”, respondió asediado por miles de dudas. Del otro lado no contestaron buscando la reacción de Carl. Llegando a la puerta acercó su ojo y observó la figura de un anciano totalmente calvo de nariz fina y respingada calzando unos lentes de cristal redondos y pequeños como los de John Lennon. Su mirada era la de un águila vigilando la zona de un lado a otro. Vestido de saco y corbata. En su mano izquierda llevaba un pequeño maletín y de su mano derecha lo tomaba una mujer rubia de gafas oscuras, labios rojos e intensos, abrigada con tapado de piel de leopardo y botas muy oscuras.

Carl no veía una mujer hace temporadas por lo que no encontró pretextos para no dar la bienvenida a los dos visitantes desconocidos.

“Hola. Antes de pasar me gustaría conocer sus nombres”, sentenció Carl al abrir la puerta, a lo que los transeúntes respondieron ingresando a la cabaña sin mediar respuesta verbal.

“Acá está calentito ¡eh!, con razón no querías abrir la puerta, picarón”, respondió el viejo con insolencia cuando ya estaba instalado en el sillón próximo a la estufa, mientras bebía del whiskey usufructuado. El afán de respuesta Carl podía sobrellevar cualquier falta de respeto hacia su persona.

“Señor, quisiera saber primero su nombre antes de que haga uso de mi bebida, por cierto, ¿dónde están los dulces?”

– Yo soy Nancy, seguro ya has sentido hablar de mí -indicó la dama mientras observaba la intemperie exterior pegada a la ventana empañada.

– Yo soy… el hombre de los dulces -dijo canturreando las sílabas-. Pero me podés llamar Alex -agregó el veterano.

Carl pudo ubicar aproximadamente a los personajes en la historia, se hacía una idea pero ésta se evaporaba rápidamente y entre el alcohol y el impacto de la noticia, su conciencia mermada apenas logró trazar un mapa de lo que estaba sucediendo en su hogar:

– Me van a tener que explicar qué buscan, sin dudas Karian está detrás de todo esto pero van a tener que ser más explícitos porque estoy harto de los enigmas, si quieren contar conmigo van a tener que empezar a mover esa lengua, vamos a terminar con el teatro, los escucho atentamente…

Alex escuchaba atentamente y sonreía con su mirada clavada en el fuego y disfrutando el momento. Por su parte Nancy olfateaba la casa como si tuviese un radar en la punta de la nariz.

– Carl, ¿cómo van tus cosas en Alaska? -preguntó Alex a Carl.

– Hasta que Karian me hizo llegar una paloma mensajera, todo venía bien, sin problemas.

– Me imagino… aquí no pasa nada, cómo vas a tener un problema.

– Sí, en realidad el único problema es precisamente ése.

– Podríamos agitar nuevamente el avispero dándole una mano a Karian para que vuelva   a ser lo que una vez supo ser.

– Karian perdió la cabeza. Si ustedes quieren ayudarlo me parece bárbaro.

– No es digno de tu espíritu lo que acabas de decir.

– Karian es un amigo, pero no estoy en condiciones de ayudarlo desde acá, ¿meterme en problemas nuevamente? No, gracias, prefiero mantenerme al margen.

– Carl. Te conocemos mejor que nadie, tu manera de pensar, tu capacidad para resolver situaciones inexplicables. Sólo es cuestión de un poco de voluntad, dejar la bebida por unos días. Convengamos que un poco de actividad no le viene para nada mal.

– La misión es inviable, Karian no tiene escapatoria, para peor no colabora, está completamente fuera de sí, mató a Obama y ahora cree que su celda es un paraíso terrenal. Vamos a dejarnos de divagar. No tiene escapatoria ni aunque logremos sacarlo, está perdido. Se echó a perder él mismo. Es un kamikaze.

– Te equivocas. Hizo lo que tenía que hacer, deberías sentirte orgulloso. ¿Acaso crees que venimos a congelarnos a esta casona de mierda sólo para escuchar tus quejas de vieja traga informativos? Estás muy equivocado. ¡Nancy! Trae el libro, vamos a refrescarle la mente a nuestro buen amigo Carl…

Alex termina su trago y se dirige rumbo a la mesa. Nancy abre el maletín y acerca el libro tomándolo concentrada como si estuviese ejecutando un ritual al pie de la letra. El libro de hojas amarillentas despedía un olor a humedad insoportable y al abrirlo las páginas se deshacían como un hojaldre.

– ¿Qué significa esto? -preguntó Carl.

– Es el objeto que siempre quisiste tener entre tus manos pero las autoridades de Plum Island nunca quisieron entregarte, pues aún no estabas preparado para la experiencia. -contestó Alex.

– Esto es irreal, a ver ¿cuáles eran mis deseos en Plum Island? Me están engañando deliberadamente, vos y Karian, no sé de qué carajo hablan, van a decirme de una buena vez de qué se trata todo este asunto. Basta ya de tantos enigmas, yo tengo bastantes problemas con Willy que viene con el pedido cuando quiere.

– Este libro es el que todo el Departamento de Investigación Naval está buscando hace décadas, seguramente hayas oído hablar del Experimento Filadelfia.

– Claro que escuché hablar. ¿Pero cómo te enteraste que buscaba entrar en contacto con ese escrito?

– Trabaje en Plum Island muchos años al igual que usted, estaba enterado de todo lo que acontecía en ese lugar y tu mente no fue la excepción. Sí. Sé muy bien lo que estás pensando ahora en este mismo momento.

– Pero si nunca te vi por allí.

– Seguro que no, si lo hubieras hecho habría cometido un error. Me adelanto a decirte que lo que estás pensando en este momento también es cierto.

– Entonces…

– Afirmativo. Karian cumplió la misión. Ahora es tu turno de entrar en acción.

– Bueno, a decir verdad, creo que me convenciste con el libro, dejémonos de chácharas. Manos a la obra. De cualquier manera Karian ya está perdido, y en cuanto a mí, no podría estar peor, así que me da igual. Vamos a hacerlo.

Carl tomo el libro con ansiedad mientras Nancy le sacaba punta a un lápiz, se acercó y le dijo:

– Toma, anota lo que te surja, conéctate con él.

– Si no se pulveriza antes, gracias.

Carl se sometió a una lectura rápida. Para luego releer con mayor detenimiento cada pasaje. Pasaron un par de horas, mientras Alex se beneficiaba con una buena siesta, Nancy preparaba un mate para incentivar a Carl.

– En este libro está todo lo que buscaba, la verdad, hacer invisible a Karian va a ser más fácil que darle unos dulces al guardia si logramos generar un campo magnético adecuado. Vamos a tener que movernos. Necesito que contacten con gente de Louisiana. Vamos a generar la fuerza de Lorentz en dirección a la celda. La fórmula para lograrlo es la siguiente”:  f = q(E + v x B) -señaló Carl Holdman, emocionado totalmente ante los conocimientos que estaba incorporando.

Alex se despertó de la siesta y Nancy se dedicó a preparar unos tragos para contrarrestar el frío.

– ¿Y Carlanga? ¿Cómo va eso? Soñé que ya tenías todo listo -preguntó Alex mientras bostezaba.

– Estás en lo cierto. Sólo me resta encontrar la manera de orientar un magnetómetro (laminilla de acero imantado). La aguja de una brújula, que evidencia la existencia del campo magnético terrestre, puede ser considerada un magnetómetro, pero en este caso necesitamos una carga magnética mayor para hacer invisible las paredes de esa prisión.

– Karian está preparado para generar ese tipo de energía. Sólo tenemos que indicarle que cierre los ojos y se focalice en un objetivo fuera de la prisión.

-No. Esa maniobra puede tener efectos nocivos para su salud, pérdida de memoria, flashbacks y cáncer de piel. Ni hablar de cómo quedará su mente, hecha pomada.

– Carl, es la única que nos queda. Nancy se hará cargo de su recuperación luego.

– Está bien. También vamos a necesitar un barco para huir, lo ideal sería tenerlo pronto para embarcar por el río Missisipi.

– No te preocupes Willy ya está al tanto de eso.

– ¿Willy? ¿Willy Dunkel?

– El mismo. Es uno de los míos ¿creías que te iba a dejar solo en Alaska?

– Esto es peor de lo que imaginaba.

– Ya está por llegar el helicóptero, abríguense bien que en tan solo diez minutos nos vamos a vivir la vida loca.

El silencio del destino se apoderó de la cabaña, Carl bebió su último trago para cargar valor y volar la excursión rumbo a Louisiana con Willy piloteando el helicóptero.

Ya en el helicóptero, Carl se sentó como acompañante, Nancy y Alex iban atrás. Willy manejando con entereza sonreía como si fuese a explotar de risa en cualquier momento ante la mirada de refilón de Carl.

– Deberíamos repasar el plan -insinuó Nancy propinando un pequeño golpe de codo a Alex que ya comenzaba a cabecear.

– Lo estaba repasando en mi cabeza -le respondió Carl con pocas ganas de seguir la conversación.

– ¿¡Qué estás esperando para darnos los detalles!? -insistió Nancy.

– Déjame ver una cosa, ya estoy con ustedes.

– ¡Ah! Pero el pingüino borracho está de estrella, en una hora llegamos a Louisiana y ni siquiera tenemos un bosquejo de lo que tenemos que hacer. Abandonemos la teoría, creo que llegó el momento de activar el Plan A.

– ¿Te envalentonaste con un trago? ¿¡Estás loca!? Ya tengo todo listo, sólo me falta…

Alex interrumpió la conversación despertando:

– Carl, ya está. Nancy tiene razón, lo del libro fue sólo un pretexto para incentivarte y lograr que te unas a la embarcación, te trajimos sólo porque Karian te necesita, lo de la tele-transportación si te interesa te dejo el libro para que lo uses en una novela de ciencia ficción, llegó la hora de sacudir los cimientos de esa prisión.

Nancy: The American way…

Carl: ¡Están todos locos! En que lío me metí, ¿qué significa todo este simulacro? Si es una broma pesada de Karian, ¡basta, por favor! Cada dos palabras me mienten una.

Alex: Internamente nos venimos matando de risa con las reacciones de tu cara, pero no, no es una joda. Está todo planeado. Cuando simulaste que no eras amigo de Karian, Willy casi se muere de risa…

Carl: Me tienen de cande. ¿Podemos parar la mano? ¡Ya que estoy en este viaje quiero saber qué va a pasar! O de lo contrario me bajo ya mismo, me vuelvo a Alaska. Me cansé.

Nancy: No seas tonto, sólo tenemos que comprar bebida y pop para ver cómo nuestros amigos de la NASA hacen desaparecer esta cárcel del orto.

Carl: ¡Ya está, ya está, me vuelvo! ¡No quiero saber nada! Aterriza Willy.

Nancy: El que abandona no tiene premio…

Alex: Esto va a estar hermoso, quédate tranquilo. No vamos a dejar pistas de ningún tipo.

Willy: Ya estamos por aterrizar, Carl, cálmate un poco. En minutos, ¡Estados Unidos sufre un nuevo atentado terrorista!

Todos comienzan a reír enajenadamente y a pura carcajada desmesurada emulan la nave de los locos del Bosco, mientras Carl buscaba esconderse en sus ropas encogiendo hombros.

Alex: Estamos llegando. Willy, dale suave que nuestro lugar es por acá.

El helicóptero aterriza en un edificio de veintidós pisos a 3 km de distancia de la prisión federal. La visual desde ahí era perfecta. Se bajaron de a uno por vez, estiraron las piernas mientras Willy repartía las copas con champagne. Se miraron a los ojos y Alex lagrimeando entonó su discurso:

– Quedan segundos para que nuestra misión de liberar a Karian sea una realidad. Quiero felicitarlos a todos, principalmente a Carl, cuyas intenciones han sido las mejores a pesar de cierta tendencia al rechazo. Brindemos por Karian y confiemos en su habilidad para eludir el fuego.

En el instante en que golpearon sus copas, el cohete espacial cargado con explosivos y teledirigido por la Nasa sobrepasaba por encima de sus cabezas.

El cohete impactó a las 15:04 de la tarde en pleno centro de la prisión y en simultáneo se desataron las explosiones.

Alex aplaudía con firmeza, Nancy revoloteaba sus senos de derecha a izquierda y viceversa, Willy reía como una hiena borracha mientras Carl no daba crédito a lo que veían sus ojos.

El humo y el fuego se apoderaron del terreno en que se encontraba la prisión federal.
Las sirenas no tardaron en llegar.  El plan se ejecutó a la perfección. Mientras la prisión se consumía lentamente, los bomberos arribaron para intentar minimizar las pérdidas ocasionadas por el fuego. El viento paseaba con fuerza, lo que hacía más complicada la tarea para aquéllos. Los helicópteros de la seguridad ya sobrevolaban los añicos de la ex cárcel federal. Fue en presencia de éstos que Willy dictaminó que era momento del descenso hacía la calle para no levantar sospechas. Tomaron el ascensor principal con naturalidad mientras Nancy se retocaba el maquillaje frente al espejo pensando en presentarse adecuadamente para su Karian. Llegando a la planta baja, todos salieron del edificio menos Willy, que se quedó conversando con el portero del mismo. Le dejó un sobrecito blanco y se despidió con un apretón de manos.

– ¡Vamos, Willy! Estoy ansiosa -le recriminó Nancy extasiada por el rencuentro.

Willy miró su reloj y respondió con gesto adusto:

– Estamos bien de tiempo, en 1 minuto llega nuestro vehículo, disimulen un poco.

La promesa de Willy se convirtió en realidad cuando un Audi descapotable blanco R8 se aproximaba lentamente a la ubicación del grupo selecto. El conductor, Wallace, con aspecto de militar retirado, se bajó del automóvil con movimientos estructurados y se acercó a Willy, que revolviendo el bolsillo interno de su campera retiró un nuevo sobre blanco, está vez más suculento, para entregárselo en mano. Se miraron fijo a los ojos hasta que Willy los cerró para afirmar con la cabeza que el plan estaba intacto.

Wallace le devolvió el gesto con seriedad y enfiló rumbo al edificio para retirar el helicóptero de la azotea. En el Audi, Nancy ya se acomodaba. Esta vez Carl la acompañó en el asiento trasero. Alex extrajo un mapa de la guantera y señaló el camino. Willy encendió el motor, aceleró y dobló hacia la izquierda en la primera esquina. “¡AHÍ ESTÁ! ¡AHÍ ESTÁ! ¡KARIAN! ¡KARIAN!”, gritó Nancy conmocionada. Karian caminaba con velocidad y no contestó el llamado. Willy dio la vuelta en U y le siguió el paso. “¿Es él? ¿O estamos todos locos?”, preguntó Willy que no conocía a Karian en persona.

– Es él, sí -respondió Carl-, parece que la explosión tuvo efectos colaterales: quedó sordo o se está haciendo el bobo para que lo sigamos.

– Lo mejor va a ser atraparlo y meterlo en el auto, si seguimos a este paso en cualquier momento lo van a encontrar y se pudre todo- sugirió Alex, que hasta ese momento se había limitado a observar los movimientos de Karian para tomar nota de su estado.

Se detuvo el auto y Carl se bajó. Karian aceleró su paso y Carl lo seguía de atrás como podía con su cuerpo ocioso de escocés. A los 100 metros Karian se frenó de golpe y se zambulló de cabeza en el automóvil. “¡Arranca, arranca William! ¡Hasta la vista Carl!“, exclamó. Willy aceleró para ver qué pasaba. El auto desapareció de la escena y Carl se sentó en el cordón de la Calle Saint Underwill cansado de las bromas pesadas y con sueño. El Audi dio la vuelta a la manzana para volver a la ubicación de Carl que se hallaba descansando las piernas. Mataron a Obama y tiraron abajo una prisión pero en apariencia nada había cambiado entre ellos dos. Karian reía y reía mientras Nancy lo mimoseaba, había vuelto a la vida. Carl se sentó en la otra punta y recordaron los e-mails lunáticos intercambiados. Willy conocía el camino y la tranquilidad de hallarse a salvo de todo reinaba en todos. Alex roncaba. Lo único que les inquietaba la conciencia era el siguiente objetivo: no ser encontrado por las autoridades. Para ello se dirigían a las afueras del Louisiana donde se encontrarían con Wallace para intercambiar nuevamente el medio de locomoción y volver rumbo a Alaska donde se refugiarían de toda sospecha.

* * *

– ¡Karian! ¿Podrías dejar de apretarle los senos a Nancy por un momento? -explotó Carl Holdman-. ¿Acaso no sabes que acabo de arriesgar mi vida y la de esta gente para sacarte sólo porque cometiste el pequeñísimo error de dispararle a Obama un tiro justo en medio de la cabeza?

– Lo lamento -dijo Karian en tono suave-. Tengan en cuenta que he estado tres días en una celda de lujo, y aunque allí no lo noté, ahora que me han liberado me doy cuenta de la angustia reprimida por mi estadía en ese lugar paradisíaco que me ha distraído de la práctica del Zen. Y es por eso, creo, que necesitaba canalizar mi ansiedad en algo…  Pero, adelante, continúen la reunión, ya me siento mejor.

Nancy le pasó la mano por la cabeza con ternura maternal y Karian se veía ya mucho más calmo y sosegado, en armonía diría, con todo cuanto lo rodeaba. Todos miraron a Carl entonces y éste se pasó la mano por el rostro tratando de calmarse nuevamente.

– Bien -dijo-, como decía antes, este mapa indica, aparentemente, la ubicación del tesoro de la Calavera; sin embargo, para hallarlo debemos encontrar primero la isla del Dragón, cuya ubicación al parecer es un secreto guardado por los Mox del pacífico, una tribu salvaje, que es, querámoslo o no, nuestra única chance de llegar al tesoro. Por otra parte, todos en esta habitación necesitaremos rehacer nuestras respectivas vidas fuera de los EEUU de ahora en más, y para ello necesitaremos el dinero suficiente. Así que, ¿qué dicen? Willy, ¿podrías encontrar al capitán Red Kid en las próximas horas? Nadie nos llevará más rápido que él, y en nadie más podríamos confiar nuestro secreto.

– ¿Cómo te enteraste del tesoro de la Calavera? -preguntó Karian con una calculada ingenuidad que alarmó a Carl.

– ¿Eso importa? -replicó el indagado.

– Mmm… no sé, depende… -hizo otra pausa y luego agregó:

– Y ¿qué sabés de ese tesoro? ¿Sabés en qué consiste exactamente?

Carl se estaba exasperando nuevamente, pues comenzaba a intuir que Karian no estaba diciendo todo lo que sabía, pero la sed de aventura y la imposibilidad de conocer el secreto de su amigo en ese instante lo impulsó a seguir adelante.

– No sé exactamente, pero sí me he enterado de que es invaluable. Y ¿tú? ¿No sabes nada al respecto? ¿Ninguna leyenda sobre el tema?

Carl intentaba presionarlo para que hable, pero sabía que era inútil, aunque no obstante esto, la sonrisa que insinuó Karian le bastó para saber que estaba en lo cierto y que estaba metido en algo realmente complejo, y no sabía en qué sentido, puesto que luego de lo que habían pasado hasta el momento no cabía en su imaginación algo más aterrador que la presente situación. Pero, para Karian seguramente todo era muy natural, y hasta seguramente lo atribuiría al curso natural de la vida o algo así, como solía explicar todas las cosas. Tal parecía que todo hasta aquí no había sido más que la punta de un iceberg, pero aun así sabía que su amigo no lo expondría a ningún peligro gravísimo si no contara con alguna -probablemente estrafalaria- ruta de escape.

– No, justo de ése no sé nada -dijo Karian de forma casi infantil.

El resto del grupo adjudicó esto al shock que había sufrido un rato antes.

Carl no lo hizo.

Hay que decirlo claramente, Karian Smitson era un excelente actor cada vez que quería conseguir algo. En esta ocasión no habían dudas, Karian había planeado todo para hallar el tesoro de la Calavera, y si él era quien lo quería, una cosa era segura: no estamos hablando de dinero. A Karian nunca le interesó el dinero, y es seguro que en eso no cambiaría jamás, pues su educación lo marcó apreciablemente en tal sentido para formar valores perdurables, tan raros de encontrar en el mundo occidental de estos días. “¿Qué es lo que busca Karian esta vez?”, se preguntaba Carl Holdman mientras lo miraba con cierta indignación.

– Me gustaría volver a Escocia y conocer mejor mi pueblo cuando esto termine -dijo Karian cambiando de tema-. Nunca pude conocer mi propio país y eso me ha intrigado siempre.

– ¿No eras uruguayo? -preguntó Carl algo sorprendido.

– Mis padres eran escoceses -dijo Karian-. Me abandonaron en la rambla y fui criado por las gaviotas, luego me embarqué como ayudante en un buque mercante, y finalmente me reclutó la CIA.

Hubo un marcado silencio, y luego agregó:

– Nancy me encontró en la rambla un día, y ella fue mi primer contacto humano cuando tenía yo unos dieciséis años. En la mochila con la que me dejaron encontró mis documentos y cincuenta mil dólares, y con eso se las arregló para facilitar mi educación.

Carl quedó bastante sorprendido, pero ahora lograba al fin entender de dónde provenía la concentración imperturbable de Karian.

– Hablando de escoceses, si no me equivoco creo que me quedaba un remanente. Un buen trago no me vendría mal para premiar al alma. Karian, ¿te apetece un whiskicito?

– No gracias, no lo necesito, estoy bien así…

Mientras todos se alistaban para zarpar, Carl Holdman y Karian se quedaron charlando un poco en el living, aprovechando la ocasión. La casa, a la que Alex había calificado antes como una “casa de m…”, era para Karian un lugar acogedor, salvo por la falta casi absoluta de decoración, lo cual no vio oportuno decírselo a su amigo ya que de cualquier manera no era asunto suyo.

A Karian se le ocurrió la posibilidad de quedarse para siempre en alguna isla del Pacífico Sur, lejos de cualquier vestigio de civilización, pues creía que allí encontraría la paz que siempre había anhelado. “Debería entonces -le comentaba a Carl- hacerme acopio primero de una gran cantidad de pasta de dientes, creo, porque en una zona tan salvaje no debe de haber. Y también, ahora que lo pienso, unos cuantos cepillos de dientes ¿no?”

Carl se sonrió un poco para sus adentros por las extrañas inquietudes de su amigo, que siempre lo divertían y lo distraían del tedio de la vida.

– Claro -le dijo-, pero, ¿realmente pensás quedarte para siempre?

– Bueno -siguió Karian-, digamos que me quedaría hasta que se me acabe el último dentífrico. Sin embargo -se le ocurrió entonces-, ¿qué pasaría si los nativos comienzan también a cepillarse los dientes? Yo, por mi parte, no podría negarles los cepillos y la pasta, puesto que ellos me darían primero la posibilidad de quedarme con ellos, así que se me acabaría en poco tiempo y tendría que marcharme. ¡Ya sé! ¿Qué tal si les vendemos pasta de dientes a los salvajes? Bueno, es cierto que no usan dinero… así que les cambiaríamos la pasta de dientes por… ¡lanzas! Sí, lanzas. Y luego les venderíamos las lanzas a otra tribu en otra isla cercana, y finalmente incitaríamos a una guerra entre ambas islas, que ganarían fácilmente estos últimos pues los de la primera isla habrían quedado indefensos al darnos sus lanzas cuando optaron por proteger antes su salud bucal. Y al final le cobraríamos al jefe de la tribu vencedora con parte de su territorio y unos cuantos nativos que nos sirvan en las necesidades más básicas, además de un par de polinesias para establecernos allí para siempre… y no obstante, seguiríamos sin un lugar dónde proveernos de pasta de dientes. Así que, mejor olvídalo, sólo nos enfocaremos en hallar el tesoro de la Calavera, en la isla del Dragón, y cada uno seguirá su destino luego.

– Sí, parece lo mejor. Y así de paso evitaremos una guerra innecesaria -dijo Carl Holdman algo aturdido por los razonamientos de Karian. Y en eso, llegó Nancy cargada con dos bolsas, y al encararnos preguntó con su habitual sensualidad:

– ¿Y bien? ¿Qué pasó mientras no estuve? ¿Me perdí de algo?

Los amigos se miraron con complicidad y Carl la dijo al fin:

– Acabábamos de evitar una guerra en la Polinesia, por lo demás, no pasó nada interesante en tu ausencia.

– Ja, ja, ustedes siempre iguales, no pueden juntarse sin elucubrar algún plan descabellado que altere el orden mundial. ¿De qué se trataba esta vez?

– ¿La verdad? -dijo Karian-. Pasta de dientes.

– ¿Qué? ¿Pasta de dientes? No, no. Dejémoslo así mejor, no quiero estar implicada en algo tan grave. Ustedes sí que están locos, ja, ja.

– Karian pensó en quedarse en la Polinesia para siempre -explicó Carl-, pero cree que si lleva pasta de dientes, los integrantes de la tribu querrán usarla también y se le acabará pronto y deberá marcharse, y si bien no niego que está loco, sus estupideces no dejan de tener algún fundamento.

En ese momento entraron Willy Dunkel y Alex, y junto a ellos venía el capitán Red Kid, una leyenda de los siete mares.

Kid Red. Uno veinte de alto, pelo negro, tez blanca, ojos rojos y cuerpo esbelto. Se hacía respetar. No era malo, pero era casi su deber parecerlo, tanto por su propia seguridad como por la de los pasajeros y la tripulación. Su nave -según dicen- era una porquería; pero se mantenía a flote. Al menos así lo había hecho los últimos diez años, y en las actuales circunstancias no se contaba con muchos más recursos que la fe y la buena fortuna.

Carl Holdman trató de disimular su asombro al tiempo que el capitán Kid Red ponía todo su empeño en apartar sus ojos del escote de Nancy. Karian estaba ansioso por zarpar; y en cuanto a Alex y Willy Dunkel, ellos simplemente confiaban en sus respectivas magnum 45 y la clásica 9 milímetros que Hollywood había puesto tan de moda en aquellos tiempos.

Todos se acomodaron lo mejor que pudieron en la pequeña habitación y Carl sirvió de su mejor whisky a todos menos a Karian. Luego procedieron con la reunión.

Era una noche agradable a pesar del frío intenso. El crepitar del fuego brindaba calma y el peinado anticuado de Nancy daba un tono romántico a la extraña velada. Se habló de esto y de aquello y el capitán Red contó algunas historias fantásticas sobre sus experiencias en el mar de los Sargazos. A Karian le interesaba mucho oír a un verdadero navegante pues su alma era la de un aventurero, pero en cuanto a Carl Holdman, se mostraba siempre el más cauto a la hora de evaluar a un desconocido.

Al final el tono festivo logró imponerse y Kid Red no pudo resistirse a participar en tan notable aventura.

Cook Intlet es una ensenada de Alaska con una variación de más de nueve metros en el nivel de la marea. Es una de las zonas con mayor diferencia de nivel, junto a Puerto Gallegos en Argentina, o la bahía de Rfobusher en el estrecho de Denis, el río Hodswak, que desemboca en el estrecho de Hudson, y la bahía Saint-Malo, en Francia. Cerca de la mencionada ensenada se ubica el pequeño puerto de Homer, pero como querían proceder con la mayor discreción no lo utilizaron.

Así que cuando salimos por la mañana nos encontramos con el barco de Red Kid varado en tierra, y tuvimos que aguardar diez horas a la pleamar para zarpar.

Nada, o casi nada podían censurarle a Carl por esto, ya que él apenas si salía por el frío insoportable que lo había constituido prisionero voluntario de aquella guarida que se veía como un punto marrón oscuro en medio de la nieve.

Por suerte para todos Carl tenía una mesa de ping-pong con lo cual todos se la pasaron muy entretenidos jugando, salvo Karian que meditaba a la intemperie junto a los perros salvajes, y el capitán Red Kid que no tenía la altura suficiente para jugar y se entretuvo estudiando algunos libros de la biblioteca de Carl Holdman. “Los barcos deben estar preparados contra las olas que los barren”, decía un número del Derrotero de Alaska, lo que hacía referencia a las corrientes de la zona de las islas Aleautianas, situadas próximas a Alaska. Esto no logró inquietarlo por completo, pero se guardó muy bien de no comentarlo a la tripulación para no causar alarmas innecesarias. A Carl le extrañó bastante el error de principiante cometido por el capitán Red, pero entendía también que era una zona atípica para desembarcar, sobretodo para un pirata que no sabría mucho más que lo que hubiera oído, y, si vamos a ser francos ¿quién podría haberle informado algo sobre las costas de Alaska?

No obstante esto, Carl Holdman no confiaba plenamente en este extraño individuo.

– ¿Cómo pudo sucederte algo así? -preguntó Karian a Red Kid sin andarse con rodeos. Los perros que lo rodeaban le infundían más valor que el que usualmente tenía.

– Yo pensaba que partiríamos de inmediato. Luego me dormí y para cuando desperté ya era tarde para hacer algo. ¿No tenés frío?

Karian se sonrió un poco y dijo:

– No, me concentro en la respiración.

* * *

BITÁCORA DEL VIAJE

Turnagain Arm, situada en el Cook Inlet, es una vía de agua en la parte noroeste del Golfo de Alaska. Es una de las dos ramas angostas de la ensenada de Cook , el otro es Knik Arm. En ciertas ocasiones el desnivel de la ola que avanza en su cara interior puede ser de 1,3 a 2 metros y son consideradas peligrosas para las pequeñas embarcaciones, y por esta razón los barcos, para no correr riesgos, se varan en la playa. En el caso del capitán Red la jugada le salió bien por accidente y no quiso adjudicarse el crédito sobre algo que en definitiva nadie entendería cabalmente.

El caso es que Saint-Michel, Alaska, al igual que en Do Son, en la Indochina Francesa y en el Golfo de México, la marea está representada por una ondulación larga y lenta, lo que da una pleamar y una bajamar diaria en las 24 horas, más los 50 minutos de retraso del ciclo lunar; a diferencia del resto de las zonas en donde hay dos bajamar y dos pleamar cada 24 horas. En la bahía Fundy, a causa del gran desnivel entre la marea alta y la bajamar, las actividades portuarias tienen que seguir el ritmo de las aguas, ya que los barcos sólo pueden atracar a los muelles, para efectuar la carga y descarga, durante las pocas horas entre cada marea, y tienen que alejarse antes de quedar varados en el lodo en la marea baja.

“En torno de las islas Aleutianas el peligro mayor para los barcos está en las corrientes producidas por las mareas, si se exceptúa la falta de mapas precisos”, dice la edición del Derrotero de Alaska (Alaska Pilot) posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Día 1  

2 de Mayo de 2015

Una mariposa se posó en la proa cuando partimos. Creo que es un magnífico augurio.

Karian Smitson

Digamos algo más sobre las islas polinesias. Se sabe que el último viaje colonizador importante -tal como pudieron informarse con los ancianos de la isla- a las islas Hawai se realizó en el siglo XIV, cuando una flota procedente de Tahití colonizó de manera permanente Nueva Zelandia. Pero esto era ignorado en Europa. Mucho después de que los polinesios dominaran el arte de navegar los europeos le tenían miedo al agua.

Los polinesios creían que las estrellas eran conjuntos de luces que se movían y corrían a través de un abismo invertido que constituía el cielo, y se guiaban por ellas. Además interpretaban el lenguaje del mar. Algunos creen que las emigraciones de las aves tenían un significado preciso para los polinesios, y que podían orientarse por la trayectoria de los bandos que se reunían en primavera y en el otoño. Pumba -Pumba no dijo mucho más respecto a este tema por respeto a la tradición, que guardaban estrictamente el secreto. De la misma manera, los europeos guardaban en secreto sus mapas, pues se los consideraba las “llaves de los imperios” y el “camino para alcanzar la riqueza” y, por tal motivo, eran documentos secretos.

Se cree que los hawaianos podrían haber descubierto, a partir de Tahití, las diferentes islas siguiendo la migración del chorlito dorado (Pluvialis dominica fulva), aunque otros han llegado a afirmar que lograban orientarse metiéndose una vara en el culo.

Se ha indicado también que la ruta seguida por el cuco lustroso (Lamprococyx lucidus) guió a otros colonizadores desde las islas Salomón a Nueva Zelanda. Siguiendo a la tradición y los antiguos documentos encontramos que los navegantes primitivos llevaban en sus navíos aves cautivas que soltaban para seguir la dirección señalada por ellos y de esta forma hallaban tierra.

Las islas Falcón, que era el picacho de un volcán que sobresalía de las aguas del Pacifico a unos 3.200 kilómetros al este de Australia, desapareció repentinamente en 1913. Trece años después, luego de que sucedieran erupciones violentas, también repentinamente reapareció y se elevó por encima de las aguas, perteneciendo al Imperio Británico hasta 1949, cuando el subsecretario de Colonias de este país declaró que de nuevo había desaparecido.

– ¿Ven entonces? -dijo Nancy-, si fuera por nuestra seguridad, todos viviríamos en el interior del planeta, pero aquí hemos venido solo a cumplir nuestro destino, tal como suele decir Karian. ¿No?

– Vaya historia -dijo Kid Red-, no creí que te interesara tanto el mar.

– Ni yo -dijo Karian mirándola con cierta complicidad, lo que hacía sentir a Carl a dónde se dirigía todo este asunto.

Más tarde, Karian se encontraba recostado en la litera de Nancy, disfrutando por un momento el sensual perfume que se había impregnado en las sábanas. Carl entró abruptamente.

– ¿Vos pensás que soy pelotudo?

Karian lo miró sin mostrar gran sorpresa.

– Sé que planeaste todo esto […]

Y la conversación no llegó a nada en concreto, como solía ocurrir entre personalidades tan diferentes. Se ha llegado a afirmar incluso que la amistad entre inteligencias diferentes es un imponderable.

* * *

Diré algo sobre la ruta de nuestro primer viaje, y lo haré reproduciendo aquí parte de lo que aprendí escuchando a Nancy, pues ella resultó ser una experta en hidrobiología y una oceanógrafa estupenda, y por eso se entendía que Karian estuviera tan tranquilo a la hora de hacer un viaje tan peligroso.

Cerca de Alaska se encuentran las Islas Aleutianas, dónde fuegos subterráneos y movimientos profundos agitan toda la extensión que ellas ocupan. Las islas mismas son cumbres de una cadena de más de 1.600 kilómetros de montañas submarinas, cuyo principal arquitecto fue la acción volcánica, y en la mayor parte de las islas aún existen volcanes en actividad o que están sólo temporalmente inactivos.

En la breve historia de la navegación moderna en esta región, ha ocurrido con frecuencia que una nueva isla sea advertida, y acaso ya al año siguiente no ha sido posible encontrarla.

La pequeña Isla de Bogoslof desde que fue observada por primera vez en 1796, ha sufrido alteraciones en su forma y posición varias veces e incluso ha desaparecido completamente para volver a aparecer. Como a los cazadores de focas y exploradores que a ella llegaban les recordaba un castillo, la llamaron Castle Rock (Roca de Castillo).

Los chorlitos del Pacífico, que todos los años vuelan desde Alaska a Hawai, probablemente han contribuido a llevar ciertas especies de plantas. Los moas habitaron Nueva Zelandia desde los comienzos del terciario; las que quedaban cuando llegaron los maoríes murieron pronto.

Era esta una especie de ave similar al avestruz, y una de ellas tenía cuatro metros de altura. Pumba dijo que “moa” acabó derivando en la palabra “mox” y de allí proviene el nombre de la tribu. Pero, tal como dijo un habitante de Lord Howe, una isla situada al Este de Australia, “este paraíso alegrado por las aves se ha convertido en un desierto, y la calma de la muerte reina donde antes todo eran melodías”.

Tal como dice un artículo del United States Pilot for Antártica: “Los navegantes deben observar la vida de las aves, pues a menudo pueden sacar conclusiones de la mera presencia de ciertas especies. Los cormoranes o cuervos marinos son señal segura de que la tierra está cerca. El petrel de la nieve está asociado invariablemente con el hielo y es de gran interés para los marineros como anuncio de hielo en la ruta. Las ballenas generalmente viajan hacia el mar abierto.”

Día 3

Me siento como nuevo, absolutamente renovado.

Quiero dejar constancia de este pasar sublime para que perdure.

Tan revitalizado, que vuelvo a escribir luego de mucho tiempo.

El viento refrescante remueve mis pensamientos formando pequeñas olas que se estrellan en esta hoja confidente.

Sensaciones hermosas que se rompen y dejan una especie de recuerdo en la palabra.

El mar, fuente inagotable de vida, parece extraer lo mejor de mi ser.

Si bien en principio la apariencia del capitán Kid Red me parecía caricaturesca y que luego de observar las condiciones precarias de su barco apareció en mi mente una gran duda. Hoy, en calma, con varias botellas de escocés diluidas en mi sangre, puedo sentenciar que aquellas sensaciones no eran más que falsas y apresuradas conjeturas.

En la oscura noche, observo las estrellas como si estuviesen gravitando en mi pecho, susurrando con su brillo emociones limpias y extremadamente profundas como para conceptualizar en sórdidas palabras.

Por cierto el whisky que consiguió Willy antes de zarpar es exquisito y prácticamente no he tenido resaca. Confieso que tampoco le dimos oportunidad de que esta aparezca, no cesamos de empinar el codo ni un instante.

Red Kid resultó ser un gran compañero, en ese sentido no esperaba menos.

Con su voz finita y su sentido del humor me propinó varias sesiones de carcajadas.

No sé si nuestro capitán alcanza el mote de leyenda viviente, creo que Karian exagera un poco como es habitual, pero que la vamos a pasar bien no tengo dudas.

Este viaje me genera mucha expectativa y me apresuro a decir que esta experiencia va a ser alucinante para toda la tripulación.

Carl Holdman

Día 5

Hoy sucedió algo extraordinario. Mientras me hallaba tomando sol en estribor llegó mi amiga la paloma mensajera, ¡y me traía un mensaje! Tomé el papelito que se encontraba atado a su pata derecha y lo abrí impaciente por conocer su contenido. ¡Cuál no fue mi sorpresa entonces! El rótulo decía: “Confederación Internacional de la paloma, Praga,” y éste era su contenido:

“Sr. Karian Smitson, lamentamos tener que llegar a esta situación, pero nos hemos visto alarmados en extremo por su conducta. En primer lugar, no tiene derecho de enviar a una paloma del servicio de mensajería a Alaska, pues hace peligrar su salud inútilmente, dado que a fin de cuentas, ¿a quién carajo conoce en Alaska con quien pueda contactarse? Y aunque así fuera, no envíe a nuestras palomas, o de lo contrario cancelaremos su subscripción.

En segundo: no puede involucrar a un mensajero en actividades terroristas ni reclutarlo para el servicio de inteligencia, pues esos asuntos están totalmente por fuera de nuestras competencias.

Por último, le comunicamos que su paloma ha sido observada, y si no cumple con nuestras exigencias revocaremos su permiso.”

Atentamente:

Palomilla, directora del centro especial de mensajería internacional (con excepción de Alaska y el Polo Norte, aclaro para algún despistado)

Día 6

Karian miró hacia afuera y no vio nada que llamara su atención, y eso lo opacaba en aquel momento, pues sentíase encerrado en un lugar tan enorme como el océano y no podía evitar atribuir su estado a un vacío en su propia vida. ¿Qué era lo que en realidad le faltaba? ¿Por qué se había metido en una misión tan quimérica y casi sin esperanza de obtener nada que pudiera en verdad disfrutar?

Tal parece que luego de un par de días en el medio de la nada comenzaba a descubrir una parte de sí mismo que anhelaba el bullicio y el caos constante de la ciudad que él tanto criticaba, para contrarrestar esa calma inalterable del océano, entendida esta como equilibrio total, mas no como quietud absoluta.

Carl Holdman tocó la puerta. Venía con Willy Dunkel y la cocinera Yayi; cargado con una botella de caña y Willy llevaba consigo las cartas para jugar al truco.

El Autor

El ecosistema es algo mucho más delicado de lo que uno cree -decía Nancy a Toby, otro tripulante bajo las órdenes de Kid Red-. En Laysan, una isla del Pacífico próxima a Hawai, había un bosque de sándalo y de palmeras de hojas palmeadas parecidas a los palmitos, y vivían en ella cinco especies de aves terrestres que únicamente allí existían. Una de ellas era el rascón de Laysan, un bello animal, de no más de dieciocho centímetros de altura, con alas pequeñas que nunca eran utilizadas para volar, con los dedos muy grandes, y que emitía un grito que semejaba al repicar de una campana -o al menos eso dicen-. En 1887, el capitán de un barco que visitó la isla llevó algunos ejemplares de esta especie de rálidos a Midway, a unos 400 kilómetros al Oeste, estableciendo una segunda colonia de esta curiosa especie. Poco después fueron introducidos algunos conejos a Laysan, y en un cuarto de siglo destruyeron la vegetación de la pequeña isla hasta convertirla en un desierto de arena. Por supuesto, los rálidos fallecieron, para ser más exactos, el último lo hizo en el año 1924.

Tal vez la colonia de Laysan hubiera podido ser restablecida con el grupo trasladado a Midway, pero, durante la guerra del Pacífico, las ratas invadieron una isla tras otra, procedentes de los buques que se acercaban a la costa. En 1943 llegaron a Midway y dieron muerte a los rascones jóvenes y adultos; los huevos se los comieron. El último rascón de Laysan fue visto en 1944.

Nancy comenzó a llorar, y Karian, que justo pasaba por la proa, le hizo un gesto a Carl, que tomaba mate cerca de estribor, para que se aproximara y la consolara de alguna manera.

Día 7

Esta noche encontré algunos apuntes del capitán en mi camarote y uno de ellos me llamó bastante la atención: “Los marineros de Shetland, los cuales aún creen dominar los vientos mediante nudos”. Sir James G. Frazer en “La rama dorada”. Creo que el capitán Red Kid está un poco afectado por pasar tanto tiempo en alta mar, pero no se puede negar que ha sido muy eficiente en su labor.

Karian S.

Día 8

No sé dónde está Carl. Algo no me huele bien. Me pregunto si estará con Nancy en alguna parte. De hecho no me parece mal si quiere tener una relación ella, aunque no me parece que sea la mujer correcta para él.

Me la pasé hablando con Willy sobre cosas sin importancia, pero fue sólo para distraerme de lo de Carl Holdman, pues no entiendo por qué haya permanecido tanto tiempo sin subir a proa.

Luego me paseé por el puente y aproveché a hacer mis ejercicios de concentración.

El capitán Red Kid, perdón, Kid Red, es que siempre me confunde su nombre, como digo, el capitán me observaba con atención por momentos pero sin llegar a entender qué estaba haciendo.

Nancy apareció por la noche en mi camarote y me contó un cuento para que me duerma.

Karian S.

Día 8 (después de día 8 de karian)

Ya entrada la noche las entrañas del camarote de Karian comienzan a escupir el rugido infernal de la selva, superposición de gritos de guerra y ulular de somorgujos enfermos, el peor cúmulo de sonidos animales que el Parque Lecocq haya emitido nunca.

El autor

Día 9

No veo la hora de pisar tierra firme.

Gracias al griterío salvaje de Karian Smitson alias el Porno Star Zen y la ninfa de Nancy no pude pegar un ojo en toda la noche.

Para peor no queda una gota de escocés, el incompetente de Willy no fue capaz de prever la necesidad de contar con reservas.

Otra cosa que no puedo tolerar más son los ronquidos del viejo Alex, los escucho todo el santo día. Vive en estado de descanso. Si la nave se hundiese apuesto que seguiría durmiendo. Me da rabia no estar en su lugar evitando esta pesadilla.

El petiso de Kid Red con su papel de falo masculino omnipresente también me tiene harto con sus anécdotas de ultra macho cabrío.

Quisiera volver el tiempo atrás, volver a Alaska. Lo único que se salva aquí dentro es la comida que nos prepara Yayi, pero no ella.

Mi plan de ahora en más es evitar cualquier contacto con ellos o al menos limitarlo.

No veo la hora de pisar tierra firme para escapar.

Era sábado, y sé que ya habían transcurrido unos diez días desde que zarpáramos -pues yo tuve que acompañarlos durante un tramo de la travesía-. Todos se agolparon a la puerta del camarote de Karian.

– ¿Qué pasa? -preguntó Carl.

– Es Karian, que no responde a nuestros llamados, y está ahí encerrado escuchando un bolero, informó Willy.

– ¡Tontos! -exclamó Carl-. ¿No se dan cuenta de nada ustedes? Seguramente ha dejado la radio encendida para despistar a posibles intrusos. ¿O acaso realmente creen que va a estar escuchando un bolero?

– ¡Karian! -gritó Carl, antes de derribar la puerta.

¡BUM!

Y en efecto, no había nadie.

¿Dónde estaría Karian? Y ¿por qué tanto misterio?

Luego de este episodio Carl trató de recomponer sus emociones y justo se encontró con Nancy en la proa, que observaba a Karian subido al puente de la nave en una actitud de capitán que no le sentaba tan mal.

– Ustedes son muy diferente ¿no?

– Bueno, Karian y su lucha interior -le dijo Nancy con suavidad-, es “su lucha” interior. En cuanto a mí, si me han llamado libertina alguna vez… bueno, sólo te diré que eso no le ha impedido a él llegar a donde quería, ¿verdad?

– Es cierto, sentenció Carl Holdman, que no sabía muy bien aún qué exactamente buscaba de ella y por eso justamente cedía a la tentación de una conversación insustancial para tratar de descubrirlo.

* * *

“Avanzó entre la asamblea, como un mensajero de Dios…”, dijo Eusebio, sobre Constantino.

Y creo que justo así podría describir a Karian Smitson presentándose ante el jefe tribal de los Mox del Pacífico Oriental. Luego de un tan largo y cansador viaje la experiencia en tierra y en un sitio tan especial como ése era una experiencia diferente para todos los miembros de la embarcación, aún para Red Kid, quien se encontraba especialmente animado aquella tarde.

– Chucupra, chukupa, sabutiá alcumine chucu cucu. Sabote.

– ¿Qué significa eso? -preguntó Karian al traductor.

– “Con su venia, señor, dispénseme usted si me voy a descansar. Buenas noches.”

“Vaya, qué educados son aquí”, pensó para sí.

– Dígale que le deseo una buena noche, y que mañana lo invitaré un trago de ron.

Estas fueron las primeras palabras que intercambiaron Karian y Tacuba, el líder de los Mox.

Luego el traductor explicaría que el líder Tacuba prefería agasajar a los huéspedes después de la caída del sol y que al decir que estaba cansado sólo pretendía hacernos ver esto. Así que el capitán Red mandó buscar una botella de ron y otra de vodka saborizado y todos siguieron al traductor que los condujo hasta su propia choza.

Por la noche, Tacuba nos hizo el honor de contarnos una historia muy interesante sobre la creación del mundo, que dice haber oído de la familia bantú de los bushango en cierta ocasión en que llegó a África luego de que su nave se desviara merced a una tormenta.

“Al principio reinaba la oscuridad sobre la Tierra, que estaba sumergida bajo las aguas. Entonces vino Bumba, un gigante de piel blanca. Cierto día éste sufrió un cólico y vomitó. Primero devolvió las estrellas, el Sol y la Luna. Luego el calor del Sol evaporó las aguas y aparecieron bancos de arena. Entonces un hijo de Bumba vomitó una planta de la que fueron naciendo todas las plantas que existen. A continuación vomitó las criaturas de la Tierra, primero los animales más importantes y por último al hombre. También devolvió las medicinas, el hierro aerolítico y la navaja de afeitar. Una vez creada la Tierra y todo cuanto contiene, Bumba descendió a los poblados de los hombres y les dio la ley que prohíbe los alimentos impuros. Luego eligió a uno de los humanos para que reinase sobre ellos como dios en la tierra. Hecho esto se elevó por los aires y desapareció en el cielo.”

Karian se quedó un poco pensativo, y su amigo Carl Holdman se preocupó por la reacción que adoptaría aquél ante el relato que acababan de oír.

– Esa historia es una mierda, escupió Karian.

– “Kapuchú sucupru” -tradujo el negro con toda la exactitud que le permitía la lengua tribal.

Carl Holdman sintió el temor en su piel y miró a Willy para usarlo de termómetro para medir la gravedad de la situación.

– Yo tengo una mil veces mejor. Pertenece al Dzyan, el libro sagrado de la India.

Pumba-Pumba, nuestro intérprete, se calmó entonces al oír esto último, y el líder de los Mox acogió el desafío de Karian mostrando gran interés en aquella historia y destacándose por su sentido del humor, que de no ser tan fino hubiera decretado ya nuestra muerte.

“En el Cuarto mundo -comenzó Karian- se ordena a los hijos hacer sus fieles retratos. Una tercera parte rehúsa, las otras obedecen. Se pronuncia la maldición… Las Ruedas más antiguas comenzaron a girar. La Hueva materna lo llenó todo. Se libraron batallas entre creadores y destructores, y batallaron en el espacio; apareció el germen y continuó apareciendo. Saca tus cuentas, Lanoo, si quieres saber la verdadera edad de tu Rueda.”

Todos hicieron silencio. La respuesta de Tacuba llegó de inmediato.

– Cachumba, trubi trubi. Sucunuk, chula rapá’.

– “Tú, gran sabio. Tú, entonces, leer poema del dragón” -le transmitió Pumba-Pumba a Karian.

Karian accedió, así que Pumba-Pumba tuvo que leérselo.

EL MONSTRUO DE LA ISLA

¡Oh!  ¡Miren allá!
¡Es el Devorador!

El monstruo maldito de la
Isla de la Calavera

¿Quién podrá matarlo?
¿Quién osará medirse con él?

Un viajero vendrá -dicen-
Desde occidente
Y lo matará sin violencia
Uniéndose a su impulso vital

Entregándose al universo
Consagrará su alma
Al servicio de todos los mortales

¡Que venga!

¡Que venga pronto!
A él esperaremos con ansias

Y él nos dará la victoria
Que tanto hemos esperado

Todos hicieron silencio en expectante respeto, y finalmente Karian tomó la palabra:

– Entiendo lo que dice, jefe Tacuba, pero no podré llegar a la Isla del Dragón si no me lleva, pues no hay un mapa que la sitúe en alguna parte del Pacífico.

– Churucumba, ¡cupu! Miri biri cari pu’. Sapú, sapú. Caripumba gannibi -dijo Tacuba luego de oír la traducción de Pumba-Pumba.

Lo que significaba aproximadamente: “Lo entiendo caballero, pero las demandas del mercado son muy exigentes. Prefiero vivir tranquilo con mi pueblo”.

Y en este punto se despertaron ciertas dudas sobre la salud mental de Tacuba o, en su defecto, alguna broma del traductor.

– Al menos ayúdeme a encontrar el tesoro de la Calavera -dijo Karian tratando de encauzar la situación.

El líder tribal pensó unos momentos y todos se hallaban expectantes y ansiosos. En un momento tomó con fuerza su lanza y respondió:

– Trikipachi, cachumba. Rapiquipá sicupú. Chubu, chubu. Sempinicapa, chuck’, chuck’.

Antes de oír al traductor ya todos sabíamos que la respuesta del jefe había sido favorable a nuestras intenciones, pues lo leímos en su semblante plácido y distendido.

– El jefe dice que se está cagando parado, así que irá a defecar en aquel árbol y luego subirá al barco con ustedes.

La algarabía de todos inundó entonces el aire mientras Tacuba, el jefe de los Mox del pacífico se apresuraba a llegar al árbol más cercano.

Cerca de las Islas Samoa, en el Pacífico, el palolo (anélido poliqueto de la especie Palolo visidis) vive en el fondo de los mares poco profundos, en oquedades de las rocas y entre masas de coral. Dos veces por año, durante las mareas muertas del último cuarto de la Luna de octubre y de noviembre, los gusanos abandonan sus madrigueras y sus partes sexuadas suben a la superficie en enjambres que cubren el agua. Con este fin, cada gusano rompe su cuerpo en dos trozos; uno de ellos permanece en la galería o guarida excavada por él en la roca, y el otro, que lleva los productos reproductores, asciende a la superficie, en donde expulsa los elementos sexuados: óvulos y espermatozoides. Esto sucede al amanecer, un día antes de que la Luna llegue a su último cuarto, y otra vez al día siguiente, la segunda vez que se efectúa la puesta o expulsión de los productos, la cantidad de huevecillos expulsados es tan grande, que el mar cambia de color.

Los habitantes de las Islas Fiji, en cuyas costas vive una especie semejante de gusano, le dan el nombre de mbalolo, y a los períodos de expulsión de elementos reproductores mbalolo lailai (pequeño) al de octubre y mbalolo levu (grande) al de noviembre. Con estos nombres, lailai y levu, aluden a la menor y mayor cantidad de estos productos expulsados en cada uno de los meses aludidos. Especies semejantes cerca de las Islas Girbert responden de modo análogo a ciertas fases de la Luna de junio y de julio; en el archipiélago Malayo, un gusano de la misma familia de los eunícidos, a la que el palolo corresponde, sube en enjambres a la superficie en la segunda y en la tercera noche, después de la Luna llena de marzo y abril, cuando las mareas son más vivas. El llamado palolo japonés hace lo mismo después de la Luna nueva, y luego otra vez, después de la Luna llena de octubre y noviembre.

Poco después de las lunas llenas de los meses comprendidos entre marzo y agosto, el gruñón aparece en las olas de las playas de California. Sus cuerpos brillan, ponen el huevo y se van. Las olas que se suceden en esa misma noche no pueden arrastrar a los huevecillos, porque la marea comienza ya a bajar y las olas de las sucesivas pleamares no llegan hasta ellos, porque en los días posteriores después de la Luna llena, cada marea alcanza un nivel cada vez más bajo que la anterior. Por esto, los huevecillos de la puesta permanecerán en el mismo lugar, por lo menos durante quince días, tiempo justo para el desarrollo de los peces.

Con las mareas de la Luna nueva siguiente las olas pasan por encima de los lugares donde se hallan las puestas enterradas.

Nueva Zelandia es la isla más importante del Pacífico meridional, navegando en sus primitivas canoas, los antepasados de los Mox se orientaban por las estrellas siguiendo una tradición ancestral.

“Cuando, durante el otoño, la Cruz del Sur esté a medianoche en el horizonte, deberemos virar hacia la izquierda para llegar a Bora-Bora”, dijo Tacuba.

– ¿Para qué iremos a Bora-Bora? -preguntó Karian entonces.

– “Plumibi, saiburipia, Evelin, seicuntrú camuripilli” -lo que el intérprete tradujo como “Mi sobrina, Evelin, se encuentra vacacionando allí, y quiero que la conozcas”.

– ¡Ah! Está bien -repuso Karian, uniendo las manos de forma ceremonial indicando hasta qué punto sentíase honrado con la propuesta.

El hecho de desviarnos 500 Km. para que Karian pasara una noche romántica en Bora-Bora podría habernos inquietado en alguna otra circunstancia, pero todos sabían que lo que proponía Tacuba encerraba un propósito más profundo que no el de una simple excentricidad.

Los habitantes de Nueva Zelandia, los maoríes, tienen una leyenda que el mismo Tacuba quiso narrarnos durante el viaje, y a todos nos complacía la posibilidad de oírla. La leyenda decía más o menos esto: “Hace muchos años, había un rey llamado Kupe quien emprendió una expedición en compañía de sus dos hijas y dos pájaros. Kupe descubrió la costa oriental de Nueva Zelandia, desembarcó y envió ambos pájaros en misión de reconocimiento. Uno de los pájaros recibió el encargo de medir el declive de los ríos y corrientes marinas; el otro debía informar acerca de las plantas y bayas desde el punto de vista de su utilidad como alimento para el hombre. El primer pájaro se rompió las alas mientras medía una caída de agua. Cojo, como estaba, ya no pudo volar más. El segundo pájaro habría hallado un tipo de baya tan exquisito que prefirió pasar el resto de su vida en el bosque: Kupe no lo vio nunca más. La consecuencia fue que el rey Kupe y sus hijas no pudieron regresar más a su patria.”

“Pero según la leyenda más antigua de los maoríes -agregó luego-, Nueva Zelandia habría sido pescada de las olas del mar por el dios Maaui.”

Al finalizar Tacuba su historia, el intérprete añadió que en la actualidad los maoríes se refieren a la isla septentrional -Te  Ika-A-Maaui- como al pez de Maaui, en tanto que la isla meridional (Stewart Island) la conocen como la canoa del dios. “La península Mahia (nos dijo Pumba-Pumba) -Te Matau a Maaui- es el anzuelo; la región de Wellington -Te Upoko O Te Ika- es la cabeza; la península de Nord Auckland -Te Kihu O Te Ike- es la cola del pez.”

Nos dijeron que al dios Maaui lo conocen como el “pescador de tierra”. A Karian, que había estado meditabundo hasta entonces, le dio por el sarcasmo y les dijo que había escuchado decir que si Maaui podía volar era porque le habían incrustado un motor de mercurio, pero el traductor no supo cómo traducirlo a su idioma -por suerte para todos-, así que Carl Holdman se mordió el labio inferior mientras Nancy se sonreía divertida, en tanto que Alex tuvo que taparse la boca haciendo que tosía para sucumbir a la risa completamente.

La relación entre Karian y el líder de los Mox era al parecer ambigua, pero no más de lo que era la relación de aquél con todo el mundo circundante, pues aún no había luchado contra el dragón, hecho que como verán más adelante, logró cambiarlo considerablemente.

Así siguieron navegando con buen tiempo y anhelos de aventuras que desde siempre aguardaron hasta en el corazón de los más escépticos. Luego de pasar por Bora-Bora y pernoctar allí con amigos de Tacuba, fueron a enfrentar el Destino en la Isla del Dragón, cuyas coordenadas sólo se hallaban escritas en el corazón del líder de los Mox.

El mundo de occidente había quedado muy atrás en el recuerdo para todos los viajeros, y en el día de la llegada a la misteriosa isla ya nadie era el mismo ser que había zarpado en Alaska.

Karian se veía muy decidido a enfrentar el peligro, y al pisar tierra parecía un conquistador, pues había logrado dominarse a sí mismo y eso daba la sensación de absoluto gobierno sobre los elementos del entorno.

El capitán Red Kid prefirió quedarse en la costa para cuidar el barco, pues nada sabía sobre esa isla y no creyó prudente aventurarse y dejar la embarcación a cargo de sus hombres.

El resto emprendió la marcha en silencio.

El peligro no se hizo esperar mucho, pues a solo unos doscientos metros y ante la mirada atónita de todo el grupo de expedicionarios, apareció el gran monstruo que había atemorizado a los hombres durante tan largo tiempo.

– SOY UN DRAGÓN ÍGNEO, Y SÓLO UN VERDADERO GUERRERO SAGRADO PUEDE VENCERME.

Todos se hicieron para atrás y dejaron a Karian solo con el dragón, que entonces dijo:

– ¡TÚ QUE HAS TRANSITADO EL CAMINO DEL GUERRERO SAGRADO DURANTE MÁS DE DIEZ AÑOS! AHORA, ¡DEMUESTRA LO QUE SABES! HAZLO Y TE DEJARÉ IR JUNTO CON TUS AMIGOS, Y TENDRÁN EL TESORO DE LA CALAVERA. ¡ADELANTE! Y SI NO ME VENCES SABRÁS QUE EL UNIVERSO NO ESTÁ APOYÁNDOTE, Y JAMÁS LO HARÁ.

Karian se concentró y cerró los ojos. Todo lo que aprendió en sus duros años de entrenamiento junto a las aves, soportando tantas y tantas tempestades y tormentas, y los libro que Nancy siempre le compraba, todo eso sería inútil si no podía aplicarlo justo ahí en ese momento crucial para su vida y la de sus nuevos amigos.

En ese momento se sintió uno con todo, uno con el universo entero. ¡Él era el universo manifestándose! Entendió entonces lo que aquél dragón ígneo representaba. Abrió los ojos con calma y avanzó resuelto hacia el monstruo letal. El miedo lo abandonó, y su decisión era tan letal como el fuego del dragón. Al llegar al lado del temible guardián del tesoro, paró súbitamente y fue como si el universo también se hubiese detenido con él. Y así exclamó:

– ¡YO SOY TÚ! Y ¡TÚ ERES YO! NO TEMO LO QUE PUEDAS HACERME, SOY LIBRE.

Al oírse su último sonido, pareció como si el dragón jamás hubiese estado allí enfrente, y nadie notó su desaparición ni tampoco percibieron su falta.

Por fin Karian Smitson sabía realmente de qué se trataba. Se habían acabado las especulaciones, y finalmente sería libre.

* * *

– No me iré sin Tacuba.

– ¡No hay tiempo, Karian! La tormenta ya viene y todos pereceremos si no huimos ahora.

– Vinimos juntos, y juntos nos iremos. ¡Vamos! ¡Vengan! Entremos a la cueva con Tacuba y yo les prometo encontrar una salida.

Todos pensaron seriamente en las posibles consecuencias de confiar sus vidas en alguien tan inestable como Karian, pero al recordar cómo había vencido a aquél dragón ígneo, optaron por creer en que ya había cambiado y que era ahora un hombre capaz de sostener una promesa.

En principio, Nancy no dejaría a Karian por nada, ya que lo consideraba como un hijo, así que entró a la cueva mostrando toda la decisión que le quedaba para así dar un impulso de confianza a todos, inclusive a Karian. Carl Holdman, que se sintió extrañamente atraído por Nancy desde el principio, sucumbió a su influjo poderoso. Pumba-Pumba se hallaba ahora todo el tiempo al lado de Karian como si fuera su escolta personal o una especie de soldado que lo protegía de todo contratiempo. Finalmente Alex y Willy Dunkel se resignaron a seguir con esto hasta el final, y ni ellos mismos saben la razón que les llevó a hacerlo.

Así las cosas, encendieron las linternas y caminaron con aire de exploradores. Al poco rato encontraron a Tacuba estudiando unas inscripciones aparentemente antiguas, que se hallaban del lado izquierdo de la cueva talladas en las paredes de roca.

– Pregúntale si sabe lo que dicen las inscripciones -dijo Karian al traductor.

– “Chupru, ¿sanquimbiá samubi?”, preguntó Pumba-Pumba al jefe de los Mox.

– “Miri biri; Karian, setputkupá mani. Feriuntpunik mayú.”

– Dice que tú lo mires, y lo resuelvas junto a tu amigo. Que ambos podrán descifrarlo combinando sus respectivas habilidades.

Carl Holdman puso una cara en la que se leía claramente: “otra vez estoy metido en un agujero sin fondo por Karian Smitson, y esta vez los estoy literalmente”. Karian, que había leído esto en el semblante de su amigo le dijo:

– Tu vida sería muy aburrida sin mí, ¿no lo crees?

– Cuando salga de aquí me ocultaré tan bien que ni tu paloma mensajera podrá localizarme.

– Ja, ja, no te preocupes -dijo Karian en tono amistoso- no voy a meterte en más problemas, no es necesario que te escondas. Y, por cierto, gracias por cuidar a mi paloma en Alaska, nunca pensé que el frío la afectara tanto.

– Vos nunca pensás, mejor dicho.

Karian se rió con ganas y luego le señalo las inscripciones y le dijo:

– Creo que tenemos trabajo que hacer. Vamos a ver qué es lo que dice. Nancy, ¿trajiste papel en tu bolso? ¿Y lapicera? Gracias, sos la mejor. Creo que lo estudiaremos con más facilidad si lo copiamos, y así podríamos seguir avanzando al tiempo que tratamos de averiguar el significado de esto.

“En cierta ocasión -comenzó a explicar Karian a Carl Holdman en el camino por la cueva- la paloma mensajera, la misma que te envié la otra vez, desapareció un tiempo y no cumplió con su cometido como hacía habitualmente. Yo pensé entonces que se habría cansado de trabajar para mí y habría emigrado con alguna colonia de palomas en alguna parte, lo cual, realmente no me hubiese molestado, puesto que lo primordial para mí era su felicidad. Sin embargo, resultó que un día en que no la esperaba, volvió trayendo consigo un billete para mí con inscripciones en un lenguaje antiguo y desconocido, pero al estar este fundado en la lógica simbólico matemática, no tuve mayor inconveniente para descifrarlo. Y en resumen dijo dejando caer las manos en ademán histriónico-, es por ese mensaje que resolví meternos en todo esto, pues era la única forma de que ambos hallemos la respuesta que tanto hemos buscado.”

Y mientras Carl pensaba, Karian buscó evadir el molesto silencio y buscando reafirmar sus palabras agregó:

– “Los dioses -dice la leyenda- volverán luego de la tercera catástrofe, que destruirá a toda la humanidad”, y, ¿acaso no lo ves? ¡Nosotros somos esa catástrofe!

– Karian, estás loco, me parece que…

– ¡Mirá! Ahí viene un habitante de la cueva, vayamos a hablar con él.

– “Todos habréis de morir junto con vuestros criados y vuestras riquezas, y de vuestras cenizas surgirán nuevas naciones. Y si éstas olvidan que son superiores, no debido a lo que se ponen sino a lo que se desprenden, lo mismo les acontecerá”, dijo el extraño habitante de la cueva.

– Listo, se acabó -dijo Carl Holdman-. Este tipo está más loco que vos. Yo me voy de aquí, prefiero enfrentarme a un ciclón que a esto.

– Esperá, creo que te estás apresurando al juzgar a este hombre. Lo que ha dicho se encuentra escrito en una tablilla mejicana de más de 12.000 años de antigüedad, las cuales hablan del continente perdido de Mu. No te ofendas, pero creo que la pasión está nublando tu juicio, Carl.

– A ver si entiendo -decía Carl mientras el extraño los miraba divertido por tan extraña escena-, vos estás a punto de destruir a la humanidad de un plumazo, y ¿crees que es mi juicio lo que está nublado?

– Perdón si los interrumpo, habitantes de la tierra, pero estoy aquí para llevarlos adentro, al mundo interior. ¿Querrían acompañarme?

– Claro -habló Karian ignorando el notorio arqueo de cejas de Carl-, solo déjenos traer primero a nuestros amigos que se encuentran en otra parte de la cueva. ¿Es eso posible señor…?

– Bond, James Bond.

Carl y Karian se miraron, y entonces el estrafalario ser se echó a reír de la ingenuidad de aquellos visitantes.

Luego añadió:

– Pablo, ese es mi nombre. Pablo Cuevas… -y volvió a desternillarse de risa, aunque notábamos que su intención no era burlarse de nosotros.

– De hecho -prosiguió diciendo aquel hombre-, lo que sucede es que aquí los nombres no son muy importantes, pues nada representan en un mundo donde la comunicación suele ser telepática y las personas son consideradas algo sagrado, y por ello no pueden llevar rótulos como si fueran cosas.

– Entiendo -dijo Karian-. Yo pienso igual. Ahora, ¿puedo ir a buscar a mis amigos?

– ¿Puedo? -exclamó Carl-. ¿Acaso dijiste “puedo”? ¿Es que yo voy a quedarme aquí solo y desarmado con un extraño ser que habita en las profundidades en tanto tú vas a buscar a los otros?

Pero todo esto fue inútil, ya que Karian se había puesto en marcha, y Carl Holdman no tuvo otra opción que esperarlo allí junto a aquel misterioso hombre de las profundidades.

– Estoy empezando a ver doble -le comentó Carl al estrafalario ser mientras este lo escuchaba con detenimiento.

– Eso es bueno. ¿Podés ver las intenciones y la esencia más allá de lo aparente?

– Ni tanto. Me mandé un fondo blanco de whiskey mientras Karian luchaba contra el dragón.

– ¿Y no convidas egoísta?

– No se me ocurrió. Tenía sed. Mi sangre sacude la necesidad constantemente.

– El alcohol es para niños, Carl. Si de veras tienes sed, te voy a ofrecer beber este preparado.

El estrafalario le alcanza la pequeña cantimplora repleta a Carl, que desconfiado le da una olfateada al contenido.

– ¿Qué diablos es esto?

– ¿Diablos? Es sólo una bebida. Sólo inclina y abrí la trompa, no es tan difícil.

– ¿Podrías ser un poco más especifico? ¿Qué contiene?

– Es un preparado ancestral para ampliar la consciencia. Un trago equivale a 12 horas continuas de meditación.

– Me gusta la idea, la consecuencia y la sorpresa que se va a llevar Karian cuando vuelva.

– Si vuelve.

– Seguramente vuelva. No es de mentir.

– Apura el trago entonces.

Carl bebe concentrado con cierta desconfianza, devuelve la cantimplora lentamente a la posición inicial, emite sonido de satisfacción y absorbe otro trago más largo.

– Es una deliciosa bebida amigo, gracias.

– De nada -respondió con ojos brillosos el estrafalario ser mientras bebía un poco de poción.

– ¿Cómo le llaman?

– Se llama “la Cruda”. Es reconocida por sus propiedades adivinatorias y curativas en términos de percepción. La cruda se ingiere con intenciones de mantener la conexión total con el Universo. Vivimos en sintonía directa con el todo. Todos somos uno. A los visitantes se lo ofrecemos como cortesía desinfectante. Pero la mayoría lo beben, se asustan y corren sin clase. En tu caso veo que te está sentando bien. ¿No es una maravilla?

– La verdad me siento bárbaro.

– Y recién empieza a fluir en tu sangre. Al tiempo la conexión se vuelve más intensa.

– Tenías toda la razón en lo que decías hoy. No hay necesidad de aferrarse a un nombre. No hay necesidad de aferrarse a lo material. Las luces de la ciudad son artificiales, obnubilan y son muerte.

– Sí. Eso está en la tapa del libro. Pero el mejor estado se alcanza cuando…

Karian vuelve corriendo a toda velocidad invadiendo la escena. Se frena casi impactando con toda la angustia de no haber encontrado a sus compañeros en la espalda de Carl, que logra mantener la vertical. Karian se toma un respiro y sentencia: “¡Los perdimos! ¡Para siempre!”

– Por favor, Karian. No seas tan dramático.

– ¿Qué decís? ¡Recorrí toda la isla de arriba abajo! No están, ¡tonto! Los perdimos. ¡Y es nuestra culpa!

– K, toma un respiro, estás acelerado y perdiendo el sentido. Ellos van a estar bien, no te preocupes. Ahora te pido que te calmes para poder ingresar en condiciones óptimas a nuestro interior. “Pablito clavó un clavito” nos acompañará e iluminará con su presencia.

– ¿Cómo? ¿De qué me perdí?

– Vamos a entrar, si querés quedarte por acá esperándolos te entiendo con claridad.

El incógnito troglodita, que hasta ese momento se mantuvo esperando a un lado, se acercó para dirimir el conflicto: “Karian, creo que tus esfuerzos de retroceder han sido en vano. Para acceder aquí no van a necesitar a sus compañeros. Por el contrario se volverán una pesada carga, el camino para llegar es largo. No tengo el gusto de conocerlos pero si no llegaron hasta aquí con ustedes por algo es. Ya es tarde, sería prudente comenzar a caminar al centro.”

– Dame un minuto para pensarlo -exclamó Karian posando la palma de la mano en la frente.

Carl y el habitante de la caverna se miraron a los ojos fugazmente. Con una sonrisa en el alma comprendieron que Karian por costumbre estaba jugando a mantener una posición contraria a la de Carl. La postura de éste se había invertido y polarizado tanto que Karian debía ajustar ciertos parámetros en su interior para entender lo que estaba sucediendo en el espíritu de su amigo. Finalmente asintió con la cabeza y los tres empezaron a marchar hacia el interior de la cueva y con cada paso el silencio se hacía más disfrutable. La oscuridad ganaba lugar y el desconocido habitante de la caverna encendió una vela para seguir avanzando.

Nancy giró. Un seno se le salió por encima del escote. Se miró. El rubor y el pulso acelerado se mezclaron.

– Alto, Karian -acotó Carl poniendo su mano en señal de alto-. Concéntrate.

– Ok, ok, dijo Karian. A ver… ¡arregla eso, por favor, Nancy!

– Bien, bien, mi vida, ya voy… ¡ya está!

– Ok, ok. Sé cómo salir de aquí -sentenció Karian. Las palabras dieron un cierto consuelo a algunos en el grupo al tiempo que desconcertaron a otros, que conocían mejor a Karian y su extraña forma de pensar-. Rápido, sáquense la ropa -aguardó unos instantes.

– No, dijo luego, mejor no lo hagan. Pero creo que podríamos salir con una nave que nuestro amigo de las profundidades tiene escondida allá atrás.

– ¡Karian! -saltó Nancy-. ¡Karian Smitson! -exclamó mientras se acercaba hacia él-. Tú… eres… ¡un encanto!

– Voy a matarlo ahora mismo -dijo secamente Carl, y acometió hacia Karian que en ese momento parecía atraer todo hacia él como un torbellino inacabable de sorpresas y ocurrencias que explotaban aquí y allá todo el tiempo. Entonces Carl fue detenido por Willy Dunkel, que con gesto suplicante lo llamó a la reflexión.

“¡Esperen! ¡Esperen un segundo! ¡Alto!”, gritó Carl Holdman al darse cuenta de lo que ocurría.

“Aprés nous le déluge”* -dijo Karian en un pésimo francés que seguramente Tacuba podría superar ampliamente.

(* “Después de nosotros el diluvio”)

– ¿Pero cómo? Yo… digo, nosotros estába… -y se dio cuenta de que el efecto del narcótico lo había hecho tener alucinaciones mientras Karian había traído a todos a salvo. Entonces se serenó y dijo:

– Bien, señores y señoras, que siga la función. Ah, por cierto, esa frase que acabas de decir, Karian, es la misma frase que vimos hace un rato escrita en código, ¿no es cierto? Y hasta es probable que tú hayas estado aquí antes y la escribieras entonces sólo para conseguir tus propósitos sin importarte cuántos mueran en el camino ¿verdad? Bien, no te juzgo, pero la verdad es que algún día vas a tener que pensar en los demás o no te quedará ningún amigo.

– Está bien. Carl Holdman, señor Carl Holdman; tu discurso ha sido de lo más emotivo, pero te diré que lo que en verdad va a suceder es que me darás las gracias por haber pensado en ti para este trabajo.

– Bueno, bueno -intervino Nancy con su habitual histrionismo-, no es tiempo ni lugar para discutir.

Y una vez medidas las intenciones de todos, siguieron avanzando junto al innominado caballero que los condujo hasta una prominente nave.

* * *

Un mundo debajo del nuestro. Una civilización elevada pero situada a gran profundidad. Cuántos darían todo lo que poseen sólo para pasar un día en tan maravilloso lugar.

Allí, tal como nos indicara nuestro guía, no se usaban nombres para designar cosas o personas, y los diálogos eran sutiles, casi se diría telepáticos. Era, en definitiva, un arte de comunicarse por medio del amor y amorosos pensamientos dirigidos hacia todas las cosas. Un Paraíso, podría decirse.

Debería sentirme triste por no saber los detalles de la estadía de nuestros amigos en ese lugar mágico, sin embargo, a veces es bueno que ciertos velos que cubren la realidad sigan haciéndolo hasta que uno mismo pueda descorrerlos.

Y al final de ésta, la primera gran aventura de Karian, todo estaba -en apariencia- como al principio.

Se sirvió un matecito entonces. Sobre su mesa de trabajo se hallaban varios papeles. Entre ellos estaba éste de aquí abajo, un poema que refiere la lucha del aventurero navegante contra un Dragón en una isla remota del Pacífico Oriental.

EL ÚLTIMO DRAGÓN

Trenzado en batalla
Caminando sin cesar,
solo,
a veces disperso

Y mi visión
Se cerciora del campo
Se iguala al infinito
Con su aura espectral

Me enfrento al
Dragón de los abismos
infernales,
y llego a volar
sobre su ala

Sin temor
Llegué a la cumbre
De mi alma,
a la cima de mis sueños.

Sábado 12 de diciembre de 2015
Karian

La humedad entra en la alcoba como una tempestad brumosa en el desierto cansando los ojos y oídos que sienten su presencia, haciendo que los presentes estén más dispuestos a evadirse a cualquier costo, aún el de sus propias vidas. Es por esta razón muy probablemente por lo cual todos esos dispares seres se encontraron en esta apasionante aventura, sin haber medido cabalmente las consecuencias de sus actos.

No sé escribir, sólo sé lo que me han contado otros y otros cuentan lo que sienten acerca de lo que han vivido sumado a lo que otros han sentido antes que ellos, para finalmente acabar creyendo haber hecho tal o cual cosa, cuando en realidad no es siquiera muy probable que sepan en dónde se encuentran más allá del cuento que se han contado a sí mismo a través de su propia inteligencia, la cual no quiere ser cuestionada.

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